¡Qué alegría, estimado diseñador, verte en la portada de La Voz de Galicia! Pasan los años pero las arrugas siguen siendo bellas y tu talento sigue triunfando. Acabas de ganar el premio nacional de la moda instituido por Industria como reconocimiento al peso, cultural y económico, del textil. De 71 aspirantes, el jurado te otorgó a ti un galardón histórico no solo por ser el primero sino porque lo recibiste de quien en unos días entrará en las páginas de la historia como reina de España. Tú habías entrado ya hace décadas en la historia de la moda por lo que el premio refrenda la vigencia y el futuro de una marca nacida a orillas del Miño. En una provincia en la que si la envidia fuese tiña todos estaríamos tiñosos, hoy tendríamos que estar orgullosos de que uno de los nuestros, un genio de la moda, haya recibido el aplauso de España. Hace más de dos años te escribía: «Si anidase la gratitud en el corazón de los ourensanos, vuestro nombre, el tuyo, el de tu padre y el de tus hermanos, tendría que estar grabado en oro en una de las calles de la capital». Lo rubrico de nuevo a sabiendas que, como siempre, caerá en saco roto. Ourense es el templo de la mediocridad, lo que nos lleva a ser reacios al aplauso a personas que, como tú y los tuyos, habéis generado miles de puestos de trabajo en la provincia que os vio nacer al tiempo que pusisteis su nombre en el mundo.