Ecologismo sí, bicicletas no

FIRMAS

La propietaria de la tienda que el Concello ha rechazado.
La propietaria de la tienda que el Concello ha rechazado. x,c. gil< / span>

El Concello dice promover el transporte sostenible, pero niega la licencia a un local de alquiler de bicis

01 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Tras meses dándole vueltas, el jueves leíamos la decisión definitiva. La empresa de alquiler de bicis Norbike no puede instalar ante su negocio en la calle Montero Ríos el párking de bicicletas. Aquello es zona turística, ya saben, y hay cosas que dan mala imagen. La bici es una cosa así como tercermundista, no hace bonito aunque, eso si, los bares del entorno de la empresa de bicis tienen licencia para instalar sus terrazas ocupando su fachada, faltaría más.

El Concello envía un mensaje claro: menos bicis y más bares. Cuesta entender como una empresa se mete en semejante berenjenal, vaya, dedicarse a la venta y alquiler de bicicletas en lugar de, por ejemplo, montar una coctelería. Seguramente escucharon a Abel Caballero denominar a Vigo como «ciudad amiga de la bicicleta» (y paralelamente decir de sí mismo que «nada tiene más valor que la palabra del alcalde de Vigo»). Son palabras que sonaban bien, incluso resultaban coherentes pronunciadas por quien durante años presidió la Red de Ciudades por el Clima, organización que tenía clara su apuesta por la bici como medio de transporte saludable, ecológico y sostenible.

O quizás se leyeron los programas electorales del 2007, en los que se prometían carriles bici por doquier, y los del 2011, en donde otra vez se repetía la promesa porque dichos carriles no aparecieron, y posiblemente se imaginen los programas de 2015 donde, apuesten algo, se volverán a prometer.

O, posiblemente, ante la escasa credibilidad de los programas electorales, se aferraron a algo más serio como son las decisiones, por unanimidad, adoptadas por el pleno del Concello, en el que no una, sino por tres veces en tres legislaturas, se aprobó la construcción de carriles bici en todas las calles que se remodelasen y promocionar el uso de la bicicleta como medio de transporte.

Incongruencias

Pero en vista de que el Concello no considera vinculantes ni siquiera sus propios acuerdos decididos por unanimidad, también puede ser que pensaran en el compromiso al menos moral de los documentos internacionales que firmó el Concello con gran solemnidad, como la agenda 21 y la carta de Aalborg, en los que se apuesta decididamente por la planificación urbana en función del uso de la bicicleta.

Pero como estos documentos internacionales suelen quedarse en declaración de intenciones y son escasamente vinculantes, se podría pensar que proyectos europeos de movilidad sostenible en los que Vigo participa, como el SUM (Sustainable Urban Movility) o las redes de Smart Cities, en los que se prioriza el uso de la bici, se tomarían más en serio. Por no hablar del Plan Saúde del propio Concello, que promociona, dicen, hábitos de vida saludables, cosa traducible en menos sedentarismo de bares y terracitas y más movimiento, por ejemplo en bici.

En definitiva, los heroicos responsables de la empresa Norbike se han creído que estamos en Europa y somos una ciudad moderna e inteligente, saludable, sostenible y verde. Esperemos que el correctivo aplicado desde el Concello les ponga les pies en el suelo.

Ciclismo revolucionario

Lo curioso del caso es que el Concello, que argumenta el carácter turístico de la zona para impedir que se instale el párking de bicicletas, es el mismo que, solo un par de años antes, instalaba su propio servicio municipal de alquiler de bicis eléctricas en la zona turística por excelencia de la ciudad: entre la oficina municipal de turismo y el mismísimo hotel Bahía. Parecía entonces que el Concello comprendía que poner bien visible en zona turística un servicio de alquiler de bicis no solamente era compatible con el turismo, sino que resultaba un valor añadido para ciudadanos y visitantes y mejoraba la imagen de la ciudad.

Pero, paradójicamente, lo peor que le puede suceder a un proyecto de fomento de la bici en Vigo es precisamente tener éxito, y siguiendo esa lógica delirante a la vista de las más de 1.500 personas que en solo cuatro meses utilizaron ese servicio municipal de alquiler de bicis, el Concello decidió? eliminarlo.

Si es cierto que no hay palabras revolucionarias, sino hechos revolucionarios, asumamos que circular en bici por Vigo es un acto revolucionario.