Fotografía de Mani Moretón en el centro cultural Valente
12 may 2014 . Actualizado a las 06:00 h.«Hac in hora, sine mora, corde pulsum tangite (Fortuna Imperatrix mundi. Carmina Burana)».
Bajo el título Variacions Pórtico Do Paraíso en la Sala Valente y hasta el 19 del mes de mayo, puede visitarse la exposición que reúne una serie de fotografías realizadas por Mani Moretón y que aúna la memoria testimonial de la imagen fotográfica y su dimensión trascendente como producto artístico bajo la mirada personal del artista, resultado de la minuciosidad, a veces manierista, del perfeccionismo, de la puesta en escena planificada que confiere en un exceso de realidad, un aspecto petrificado.
El realismo fotográfico cae en el artificio de la intensificación del aspecto estético. La paradoja del antagonismo tradicional de la fotografía profesional y objetiva como oficio y la fotografía artística, expresión de la subjetividad de un autor, una polémica que se inició en la Documenta V de Kassel del 72, que se resolvió con posturas integradoras y otras irreconciliables a lo largo de los años.
Mani Moretón controla el elemento, el oficio, la cámara, la luz y el espacio en imágenes calculadas en distancia y ángulo inmutable o el abrupto encuadre que añade el efecto dramático mediante la iluminación desigual y heterogénea conquistadora de un ambiente intimo y público en la semioscuridad temblorosa del fondo, una captación testimonial de la realidad visible bajo una variedad de múltiples perspectivas y enfoques subjetivos. Ambientes, personajes y espacios son retratados con naturalidad, desde una actitud realista que remite a Fischer y nos adentra a través de la manera en que se presenta el personaje en su singularización psicológica mediante una mirada introspectiva. La imagen suprime la distancia que en la memoria ocupa el pasado irrecuperable.
Como en Wall la cámara realiza un travelling que libera al espectador de la angustia, aunque no del vértigo. Resulta una tesis fotográfica del constructivismo de las imágenes y los espacios. La claridad de la composición en su conjunto es una reivindicación de la fotografía de la veracidad, lo sensible y fugaz al adoptar ciertos elementos del periodismo gráfico.
Ourense y sus rutinas
Sus imágenes, henchidas de color y acabado brillante, congelan el instante transitorio y efímero del Ourense y sus rutinas, en sus calles empedradas y su románico con olor a lluvia y orín y el sol dejando huellas en el suelo como la sombra huidiza, perezosa y furtiva del asesino y la música dejándose caer en los charcos de la zona vieja, subiéndose a las tribunas de las catedrales y expandiéndose como las gotas de agua en un vaso roto. Retratos de músicos y cantantes captados con gran sensibilidad y realismo y en la serie titulada: «Mene, Teqel, Upharsin», palabras que el profeta Daniel (Dn 5.25) interpretó como «Dios ha contado tu reino y le ha puesto fin» presenta un proyecto fotográfico en el que una serie de personajes de la ciudad son retratados con el profeta Daniel del Pórtico del Paraíso de la Catedral.
La concepción espacial del Pórtico en el interior del nártex con su euforia escultórica introduce al espectador en el interior de la portada y no delante de ella, en una visión apocalíptica del triunfo de Dios en el cielo. De los veinticuatro ancianos del apocalipsis, veinte portan instrumentos: 5 violas ovaladas, 4 en ocho, 4 arpas, 2 salterios, 1 cítara, 1 laud, 1 zanfona y una flauta doble y constituyen una sublime iconografía musical individualizados en espontáneos retratos lejos del hieratismo abstraizante del conjunto. La sonrisa un tanto arcaizante y pícara del profeta Daniel remite en dulzura al ángel de la Anunciación de Reims, en una estética naturalista que heredará la obra de Slüter, inspira una inusitada ternura, enfrentado en el rubor pétreo de su rostro a una reina Esther hermosa y amputada.