Los ingresos en prisión por impago de multas van en aumento, según los juristas. El ejemplo más reciente es el de un abogado de oficio de Vigo que corrió al banco a poner de su bolsillo 40 euros para pagar la última cuota de una responsabilidad civil y evitar que su cliente entrase 8 meses en prisión por impago. En el último momento, el acusado soltó los 40 euros.
Pero otros condenados no han tenido tanta suerte y han dado con sus huesos en la cárcel. Este tipo de encausados suelen ser insolventes, carecen de antecedentes y tienen una pena corta. El juzgado acepta suspender su ingreso en la cárcel y sustituirlo por una multa o condiciona la libertad a que paguen toda la responsabilidad civil a una víctima de lesiones o las deudas por la pensión de alimentos de sus hijos. En el juicio son avisados de que al primer incumplimiento de un plazo o cuota irán a cumplir toda la pena a la cárcel. El acusado paga puntualmente cada mes hasta que agota sus fondos y acaba en A Lama.
Algunos ya saben que no van a poder pagar y, en las vistas por conformidad, se resignan a entrar. Hace poco, un delincuente multirreincidente sin blanca le dijo expresamente a la jueza que prefería cambiar la multa que debía pagar por 5 días de prisión más. No es el único caso.
Otro ejemplo de insolvencia es el de J.L.M., un socio de Las 5 Jotas, que está acusado de falsear facturas por varios millones a través de una constructora que administraba. El encausado llegó varias veces tarde al juicio porque, según se excusó, no tenía dinero para pagarse el taxi desde Moaña y se veía obligado a tomar el barco y seguir por Beiramar. Un día, en otro juicio contra la trama, volvió a retrasarse. Pero esta vez, apareció esposado y escoltado por policías. Explicó al juez que había tenido que ingresar en la penitenciaría de A Lama porque no pudo pagar una multa penal. «Si hubiese manejado tantos millones como dicen, también habría tenido dinero para la multa», se quejó al magistrado.
Otro caso que saltó a la luz pública fue el de N.L., una joven viguesa que denunció haber sido una bebé robada. Pasados unos meses, nadie volvió a saber nada de ella hasta que un día fue a testificar a un juicio. Venía desde A Lama porque no pudo pagar una multa a la que había sido condenada en un juicio de faltas e ingresó en prisión para cumplir tres meses.
Los impagos también dan disgustos a los padres divorciados en paro que no abonan las cuotas de la pensión alimenticia de los hijos. Antes de la crisis, trabajaban con un buen sueldo, se divorciaron y fijaron una pensión de 500 euros a sus hijos. Todo iba bien hasta que fueron al paro. Algunos no pidieron la modificación de medidas por causas económicas y dejaron de pagar las cuotas. En los juicios, alegan que las ayudas de 426 euros ni les da para vivir. Hace unos días, un acusado relató a la jueza: «He agotado todo el paro y me quedan 126 euros para tirar este mes y, quizás, el siguiente». La Fiscalía replicó que, en el momento en que dejó de abonar la pensión, aún tenía dinero pero no quiso contribuir.
La amenaza de entrar en A Lama suele ser efectiva con aquellos remolones que tienen fondos pero que, por despecho, no se ponen al día con sus exmujeres. Al ver que el juez va en serio, sacan el talonario y pagan. Otros quieren pero no pueden.