Atletas gallegos con discapacidad que usan «handbike», como Mila López, no obtienen el permiso para participar en carreras populares
11 abr 2014 . Actualizado a las 07:00 h.La integración en el deporte todavía tiene barreras que derribar. Mila López (Baiona, 1977), con una minusvalía física (espina bífida) quiere competir. Entrena como el que más y se ha gastado 5.000 euros de su bolsillo para comprarse la handbike (una bici especial), pero en Galicia apenas encuentra cobijo víctima de un limbo legal. Por razones legales está federada en ciclismo -federación que no hace competiciones-, pero su ámbito de actuación son las populares de atletismo. Lo mismo le pasa a Moncho Lorenzo, un boirense que tras un grave accidente de moto quiere reengancharse al deporte.
Moncho es directo. «Me choca que no nos dejen participar, que nos discriminen. Pensé que la gente estaría contenta de recibirnos y al final todo lo contrario», comenta. Hasta ahora solo las medias maratones de Pontevedra y Vigo y los 15 kilómetros del Atlántico les han abierto las puertas.
Entrenar sin recompensa
«Si te compras una bici para competir no es lo mismo dar un paseo que estar en una carrera. No poder competir me perjudica, porque no me estoy midiendo con nadie y no sé cómo estoy», comenta Mila, que no ve recompensado su esfuerzo sobre el asfalto. ¿Y cuál es el motivo de la negativa? Presuntos peligros «y no poner los medios para que podamos participar». Por ejemplo, su velocidad es mayor que la de los atletas y eso supondría mayores medidas de seguridad y más coste.
Esta falta de competición corta su progresión. En el caso de Mila, la bici se ha convertido en su pasión. Acude tres días por semana al gimnasio del Coruxo a hacer rodillo bajo el asesoramiento de Joan Rodríguez, el preparador físico del equipo de fútbol, y cuando el tiempo se lo permite sale al asfalto. Lo mismo que hizo en las últimas tardes Moncho. «Me animé a comprar la bici para hacer un poco de deporte, para poder salir a dar una vuelta y sudar». Antes, había hecho sus pinitos con el ciclismo y el motociclismo.
Mila había probado en el Amfiv de baloncesto en silla de ruedas, pero lo suyo es correr, por eso cambió la silla por la handbike. «Me da una sensación de movilidad y de libertad importante».
La baionesa puede considerarse la precursora de la disciplina en Galicia. Le hablaron del artilugio en la ortopedia que frecuentaba, consiguió uno de prueba y a renglón seguido se compró otro de competición, que al margen de los 5.000 euros de coste, trae gastos adicionales como 80 euros cada vez que tiene que cambiar las cubiertas. Lo mismo que sufragarse los viajes, como el que tendrá que hacer a Ciudad Real para el nacional, una cita en la que Moncho no estará. «Necesito un año para coger fondo». A este paso lo tendrá que conseguir lejos de la competición.