Nadie bien pensado duda de las buenas intenciones que, internamente, movieron a cada uno de los actuales miembros del gobierno municipal a participar en la vida política ourensana. Sin embargo, los acontecimientos han podido más que los deseos de hacer una buena gestión y el ejecutivo se ha visto obligado a responder, día sí y día también, a las constantes críticas de la oposición, que muchas veces han acabado en los juzgados. La Pokémon lo revolvió todo y las zancadillas que está poniéndole a cada paso al alcalde, el socialista Agustín Fernández, llegan incluso desde sus propias filas. Con el apoyo real de solo 5 de los 27 concejales que tiene la corporación, lo normal sería que el regidor no fuera capaz de llegar en el cargo hasta las elecciones del año 2015. Sin embargo, nadie quiere ponerse al mando de un barco que va a la deriva.
Descartada por PP y BNG una moción de censura -ambos movidos por intereses electoralistas y no por los de la ciudad- solo queda esperar a que la nave no encalle y llegue sin demasiados daños a los próximos comicios. Es de desear que para entonces los grandes partidos hayan encontrado líderes creíbles ya que, además de potenciar de verdad el termalismo, abrir la Casa da Mocidade, poner en marcha un plan de empleo efectivo, aprobar unos presupuestos o terminar con la eterna promesa del PXOM, lo que necesita Ourense es, precisamente, políticos capaces de agarrar con fuerza el timón y poner a la tripulación a trabajar en beneficio de todos.
Parece claro que los actuales «líderes» de PP y PSOE no reúnen ese perfil. Eso es, al menos, lo que opinan los ourensanos consultados por Sondaxe para el barómetro realizado para la edición de La Voz de Galicia en esta provincia. Incluso los votantes populares y socialistas creen que sus respectivos líderes deben cambiar. El desencanto de unos y otros es evidente y, en medio del temporal, la pesca es para el populismo sin discurso. Sin darse cuenta, entregados a la inercia del paso del tiempo, a la espera de las elecciones, le están haciendo la campaña a Democracia Ourensana. Visto lo visto, no les hará falta ni pegar carteles. Los últimos acontecimientos han conseguido que quienes llegaron a la corporación con el cartel de frikis parezcan ahora los más normales. Eso es algo que los responsables de los grandes partidos deberían hacerse mirar.