«Escapeime do tiro na caluga»

xosé manuel cambeiro SANTIAGO / LA VOZ

FIRMAS

SANDRA ALONSO

Trabajó duro arrancando piedra en una cantera, «pero máis seguro»

24 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

José Andrés Calvo Seoane

72 años

Profesión

Ex guardia civil y cantero

Rincón

La bajada de Os Basquiños y San Roque, porque me encanta caminar por ahí.

José Andrés es un hombre solitario, andador y pacífico. Vivió en medio de las armas y vive como un eremita. Ama la paz, pero detesta a los inhonestos y envidiosos que a menudo se cruzan por su camino. Nació en San Estevo de Medín (O Pino): «Eu era un rapaz moi traste e meu pai arreábame seguido palizas polo malo que era». Un día le arrancó las plumas a una gallina, cuyos polluelos no la reconocieron, y su progenitor casi le arrancó el alma de la tunda que le dio. Suena a crueldad paterna.

José Andrés hizo la mili en la séptima bandera Gran Capitán de la Legión y estuvo en la frontera con Argelia: «Había tiros todos os días». Participó en una operación en Mozambique «onde pillabamos xente de noite polo campo como pillan os raposos as súas presas». Un día un teniente coronel pidió un voluntario para hacer de monaguillo en una misa, y José Andrés (que había ejercido esa función en su parroquia) fue el único que se presentó. Su jefe militar se lo agradeció: «Subiume a cabo primeiro sen pasar por cabo».

Tras seis años en la Legión, se hizo guardia civil: «Fun para Madrid e destináronme a escolta do ministro de Gobernación, Camilo Alonso Vega, e do capitán xeneral Muñoz Grandes». Se llevaba tan bien con los dos que sus mandos en la Benemérita creyeron que era un chivato y contaba cosas de ellos. «Non era certo», lamenta. Le enviaron al País Vasco, a San Sebastián. Allí vio el infierno abierto.

«Eres guardia civil y te vamos a liquidar», le decían algunos vecinos un día tras otro. «Pensaba que calquera día me iba a matar, sobre todo cando asasinaron a algúns guardias do meu cuartel nun control». La sangre corría casi a diario porque «moita xente mala, e moitas veces non tanto vascos como fillos de emigrantes, informábanlle aos terroristas». Jose Andrés miraba para atrás, porque la nuca era un sitio muy buscado, y para todos los lados: «Non vivías, non podías ir a ningún sitio, nin ao bar. Ás veces que entraba nun bar e había moita xente poñía a pistola no mostrador».

Era «unha tortura continua», estar muerto en vida y las propias condiciones del servicio «eran peores que estar no cárcere» y «cobrabas unha miseria». Así que, siete años después, abandonó el uniforme y Euskadi y se vino para Santiago, donde trabajó en la construcción y en la cantera de Enrique Barros, en el norte de la ciudad: «Traballabas duro arrincando a pedra, pero era máis seguro. Escapeiche do tiro na caluga».

En la cantera

La cantera tenía 17 empleados «e non dabamos feito». Hoy, con la crisis, solo tiene tres. El producto pétreo que él contribuía a sacar a la luz viajaba a muchos lugares: «Todo o entorno da Torre de Hércules fíxose coa nosa pedra». Tras veinte años en la construcción, se jubiló. Nunca se casó, así que vive solitario: «Non houbo quen me quixera», dice con tono poco persuasivo.Agrega: «No País Vasco había moitas mozas fillas de guardias, pero non se me ocurriu liarme con ningunha». Y en Santiago siguió siendo célibe: «A min a soedade é o que máis me gusta. A metade do tempo estou solo para non escoitar tonterías».

Tras vivir climas bélicos o casi bélicos, lo que ama ahora intensamente es la paz: «É o que máis me gusta. É a cousa máis bonita que hai neste mundo».

compostelanos en su rincón josé andrés calvo seoane