Conocen ustedes un trabajo, una obra, una tarea que resulte bien hecha sin emplear unas buenas dosis de ilusión, interés y esfuerzo? Pues yo tampoco, y por eso la construcción y puesta en funcionamiento del Hospital do Salnés adoleció, desde el principio, de las condiciones necesarias para cumplir los fines para los que fue concebido: garantizar una asistencia sanitaria de calidad a todos los pacientes que viven en su área de influencia.
¿Y por qué?, se preguntarán. Porque faltó voluntad y la Xunta de Galicia, gobernada por el PP, hizo todo lo que pudo y más para evitar que prosperara la iniciativa popular de la Comisión pro Hospital, y que un servicio tan esencial y necesario nunca viera la luz. Cierto que, al final, cuando el éxito vecinal era imparable e inapelable, todo el mundo se subió al carro de la justa reivindicación, hasta el propio presidente Fraga quien, en el acto de inauguración, con la autosuficiencia que le caracterizaba, afirmó aquello de que «nadie le dará lecciones al PP de cómo gestionar la sanidad», sin aclarar si se refería a la pública o a la privada. Luego, el bipartito devolvió al ámbito de lo público los bienes que gestionaba una fundación, pero su paso efímero por la administración autonómica impidió que, además, dotara al hospital de los recursos humanos y materiales que necesita, y los recortes de esta derecha que dobla el Cabo de Hornos y también el espinazo ante los poderes económicos, hicieron el resto.
Ahora, como entonces, las mejoras que necesita el Hospital do Salnés habrá que arrancárselas al gobierno del PP a base de movilización ciudadana y buenas razones, y, mientras tanto, agradezcamos la enorme profesionalidad de todo el personal que trabaja en él, que con su dedicación diaria consigue que las carencias parezcan menores.