Culleredo proyecta un nuevo centro social en Boedo, donde los vecinos se quejan del éxodo de jóvenes por las limitaciones para edificar viviendas
01 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Con la llegada del AVE, la aldea de Boedo, en Culleredo, perdió el palco de la música, el centro social y la pista polideportiva, que los vecinos habían construido con materiales aportados por el Concello. Aun así, muchos residentes se felicitan de que el gran viaducto que lleva sobre sus cabezas la alta velocidad se haya levantado en su pueblo. «Antes non nos víamos uns aos outros, parecía o muro de Berlín», asegura Manuel Méndez sentado en la enorme explanada que ha quedado bajo el puente del ferrocarril tras eliminar el terraplén que dividía el núcleo en dos.
Allí el Concello proyecta construir un centro social que sustituya al derribado, pero de momento solo se levantan junto a los pilares de hormigón un par de canastas y una pequeña área de juegos, aunque la aldea no tiene niños. «Fixeron o parque infantil, pero nenos nacidos aquí... O máis novo terá 20 anos», calcula Méndez, aunque al poco rato otro vecino matiza.
«Hai só unha rapaza para ir ao colexio. Quedamos os vellos porque aquí non che deixan facer unha casa», explica José Villamisar, quien asegura que en los últimos años doce jóvenes familias han tenido que optar por instalarse en otros municipios, como A Coruña o Arteixo, al no poder edificar en los terrenos de sus padres. «Estamos a 18 quilómetros da Coruña, temos estrada, pero non nos deixan facer», insiste.
El Concello de Culleredo asegura, sin embargo, que Boedo, que pertenece a la parroquia de Veiga, no tiene ninguna restricción distinta de la del resto de los núcleos de sus características y que el planeamiento permite que la edificación actual se triplique. Aun así, la percepción vecinal es unánime.
«O viaduto está ben, pero o que está mal aquí é que non se pode obrar», asegura a la puerta de su casa Aurita Iglesias, cuya opinión ratifica poco metros más allá Andrés Morán. «Os que podían estar, marchan. Se non se edifica non hai vida», cuenta este vecino mientras señala algunas de las últimas casas que sí recibieron permiso en los últimos años y otras de la treintena que componen el núcleo que han ido quedando vacías recientemente por la muerte de sus antiguos ocupantes.