Juan Ventura Martínez es el benjamín de los sacerdotes que hay en la comarca. Con veinticinco años llegó a O Grove, pero ya llevaba años familiarizado con lo que comporta el día a día en una parroquia, de la mano de Antonio Sineiro, Don Tucho, en su Vilanova natal. En agosto del 2011 se estrenó como párroco de San Vicente y hoy, a los treinta, es también párroco de Simes y vicario de San Martín de O Grove. Ventura Martínez es joven y derrocha energía pero tiene claro que no todos los sacerdotes están en condiciones de llevar este ritmo, máxime teniendo en cuenta que son muchos los que pasan de los ochenta años. «Habrá que cambiar la forma, pero lo que no es normal es que un cura lleve tres o cuatro parroquias». Los 17 kilómetros que separan sus dos centros de trabajo son asequibles, pero la distancia puede resultar un problema «a la hora de estar con la gente». Acude dos veces por semana a Simes para celebrar misa, los miércoles y los domingos, aunque mañana, a propósito de San Blas, estará allí prácticamente todo el día. Las obligaciones que le reportan las parroquias de O Grove le suponen, como poco, una misa diaria, a mayores de funerales y entierros que puedan surgir. Los domingos ya no tiene tregua. El mínimo son cuatro liturgias en el día.
El matrimonio
Lejos de lo que pudiera suponerse dada su juventud, Ventura Martínez cree que el matrimonio es incompatible con el sacerdocio. «Un cura casado tiene muchos problemas para organizar una vida familiar», señala. Y en cuestión de dinero, opina que la población tiene una idea muy equivocada. «La gente piensa que nos hacemos de oro. No se dan cuenta de que a la parroquia llega mucha gente pidiendo que le prestes 50 euros. Son los pobres vergonzantes a los que les da vergüenza ir a Cáritas». Sus ingresos son 640 euros de nómina, más los siete euros que cobra por las misas. La casa la tiene gratis «pero nosotros pagamos la luz, el agua y otros gastos». «Al final los curas somos mileuristas».