Películas para ver y para hablar

Begoña Rodríguez Sotelino
begoña r. sotelino VIGO / LA VOZ

FIRMAS

Oscar Vazquez

Antonio Pombo Prada, gran aficionado al cine, heredó de sus padres el negocio que tras una profunda crisis trata de encontrar de nuevo su espacio con la persecución de la piratería

19 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Hubo un tiempo en que acudir a un videoclub era una rutina tan habitual como ir a comprar el pan. Pero aquella costumbre que se instauró durante más de tres décadas empezó a diluirse en proporción inversa al auge de Internet. Con su expansión llegó la piratería y con ella el ocaso de muchos negocios que animaban la vida de los barrios.

Pero en Vigo aún hay negocios donde los cinéfilos disfrutan del cine no solo cuando ven una película, sino cuando hablan de ella. «Aquí es así», cuenta Antonio Pombo Prada. Su local, llamado como el extinto planeta de Superman, es como una librería en la que sabes que el que está detrás del mostrador ha probado la mercancía y puede recomendar a su clientela lo que cree que le puede gustar o no, porque además termina conociendo sus gustos. Pombo es un poco como Rob Gordon en Alta Fidelidad, un personaje que regentaba una tienda de discos de vinilo al que daba vida John Cusack. Al igual que él, es un enamorado de lo que hace porque el cine es una de sus pasiones.

El joven heredó de sus padres un negocio que regentaron hasta que se jubilaron. Ellos llegaron en la época dorada del vídeo. «Cuando abrieron el local aún había cintas Beta, pero ya estaban empezando a desaparecer. Después llegó el sistema VHS, que ya no tenemos, luego el deuvedé y aquí andamos ahora, añadiendo también el Blu-ray», cuenta.

Su padre, natural de A Coruña, trabajó en varios países de Europa y debido a esa trashumancia laboral su hijo nació en París, aunque lleva muchos años en la ciudad en la que sus progenitores soñaron con labrarse un futuro en su tierra poniendo en pie un negocio que le costó mucho levantar.

Los cambios de formato se soportaron y las cintas de vídeo quedaron obsoletas, pero la piratería acabó con muchos y los debilitó como si se les acercase una piedra de kriptonita. Sin embargo, ahora, tras una persecución más eficaz de las web de descargas ilegales, los videoclubes tratan de recuperar un espacio perdido. «Tenemos una clientela muy variada, mucha gente mayor, pero también jóvenes. Aquí encuentran un trato más personal, se paran, preguntan, charlamos...».

Además, justifica el comerciante, el repunte viene de la mano de la alta definición. Los discos de Blu-ray aún son caros para comprar «y la calidad de las descargas no tiene comparación». En su local ofrece a los clientes las novedades del mercado, «que son muchas, pero a veces decepcionan, por eso también hay una una amplia selección de cine de los años 80 y 90 junto a algunos clásicos».

Negocios con historia videoclub krypton