El Club Vagalume de gimnasia rítmica de Pontevedra se ha consolidado con un proyecto propio
19 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.El Club Vagalume de gimnasia rítmica de Pontevedra nació en el 2007 fruto del empeño de Silvia Villar y María Martínez. Ambas se conocieron haciendo el curso de entrenadoras nacionales de gimnasia, donde descubrieron que necesitaban desarrollar su propio método de trabajo. Y así fue como decidieron dejar sus respectivos clubes para crear un nuevo proyecto.
Los inicios no fueron sencillos. «Empezamos con muy pocas niñas», recuerda María Martínez. Fueron dos años de trabajo sin más recompensa que el orgullo de ver a las niñas progresar. Pero el esfuerzo fue poco a poco dando frutos y hoy cuentan con unas 30 gimnastas federadas, más una decena en las escuelas deportivas. «Hemos ido creciendo a través del boca a boca y por los resultados», explica la entrenadora.
El pabellón de la Facultad de Ciencias de la Educación y del Deporte se ha convertido en su centro de operaciones, donde las dos fundadoras y entrenadoras del Vagalume trabajan tres días a la semana con las niñas del club. Allí les enseñan gimnasia rítmica y gimnasia estética, una modalidad muy similar a la anterior aunque sin utilizar ninguno de los cinco aparatos -mazas, cinta, pelota, cuerda y aro-. Cuando se inician en el club, lo primero que aprenden las niñas son ejercicios de coordinación, flexibilidad y equilibrio, además de tener una clase de ballet -disciplina de la que María Martínez también es profesora titulada- que les ayuda a trabajar todas estas facetas. Y más adelante llegan los ejercicios de técnica corporal y técnica de aparato.
Con el inicio de la temporada a la vuelta de la esquina, el Vagalume aspira a mejorar los resultados de un 2013 en el que algunas de sus gimnastas alcanzaron lo más alto del podio a nivel provincial y autonómico. Pero, para ello, deberán cumplir antes en las aulas. «Lo primero es lo primero, que son los estudios. Si no aprueban todas, no compiten», desvela María. Un principio innegociable que les obliga a asumir responsabilidades. «Tienen que comprometerse, sobre todo las que compiten en conjuntos, porque si una suspende deja colgadas a sus compañeras», explica la entrenadora. Y es que el Vagalume exige a sus gimnastas que, antes que en el tapiz, sean unas campeonas en clase.
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