Al Concello de Vigo le sobra el dinero. Pero al parecer no sabe dónde gastarlo. Al actual gobierno municipal no se le ocurre otra cosa desde hace seis años que cambiar aceras. Desde que comenzó el afán renovador se han gastado -o invertido- (depende de cómo se mire), más de cien millones de euros. Dicho así no parece gran cosa, pero seguro que hay muchas ideas para llevar a cabo. Sabemos que hay alcaldes que son necesarios mientras sus administrados somos solo contingentes, pero a pesar de ello, los humildes ciudadanos algo tendrán que decir sobre cómo se gastan sus dineros. Hay por ahí mucho político con bastón de mando que presume de andar por las calles y comprobar que es amado al ser constantemente felicitado por sus actuaciones. De cuando le protestan nunca se entera. Hasta ahora, lo de transformar las calles no había generado en este país más problemas que leves protestas, pero está pasando en Burgos, donde un barrio ha levantado las barricadas contra la decisión municipal de construir un bulevar donde la gente no lo quiere porque opinan que los ocho millones que cuesta tendrían mejor fin si se dedicasen a fines sociales, además de que no quieren perder carriles para el tráfico ni plazas de aparcamiento. Aquí ocurre eso progresivamente y nadie alza la voz debido a la anestesia. Los vendedores de coches no están muy contentos, ya que la gente pasa cada vez más de los vehículos, pero los que alquilan y venden párkings están encantados. ¿Y qué se podría hacer con 100 millones de euros? Pues muchas cosas. Cuatro años de subvención a Vitrasa cuesta 52 millones, pero aún sobraría para hacer la dichosa Biblioteca Estatal por 10 millones, o dedicar otros once para un cuatrienio, al cheque social para más de mil personas. Y aún sobraría para montar unas buenas fiestas. Alguien se merece una calle. ¡Qué una calle! ¡Una avenida!
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