El Presidente de la Federación de Promotores Inmobiliarios, Javier Garrido, y el denunciante del inmueble, Eulogio Abeleira, tienen distintas opiniones sobre el futuro del cuatro estrellas
29 dic 2013 . Actualizado a las 07:00 h.La costa de Galicia no se libró de la presión urbanística de aquellos años en los que el dinero de los bancos fluía sin demasiadas exigencias y cualquiera podía meterse a hacer negocios inmobiliarios. De esos tiempos quedaron como herencia auténticos mamotretos que afean el paisaje. Tanto el presidente de la Federación de Promotores Inmobiliarios de Galicia, Javier Garrido, como el experto en Urbanismo Eulogio Abeleira, autor de numerosos pleitos contra las Administraciones, coinciden en que a lo largo de los casi 1.000 kilómetros de costa gallega se han hecho chapuzas imperdonables. «En ocasiones se ha gestionado bien y la presión ha sido razonable, pero también ha habido auténticos espantos y trastadas», reconoce Javier Garrido. «En cualquier ayuntamiento al que vayas, te encuentras con verdaderos engendros, como la depuradora de cabo Silleiro, levantada en zona de interés paisajístico», apunta Abeleira.
La gestión urbanística siempre ha estado en el ojo de la polémica en municipios grandes y pequeños.
El último escándalo es la orden judicial de derribo por anularse las licencias del Talaso de Oia, un hotel de cuatro estrellas incrustado en el peñón de cabo Silleiro y que fue el primero de Galicia en aprovechar las propiedades termales del agua de mar. El complejo turístico es un elemento dinamizador de la economía local y goza de una gran aceptación entre sus clientes por la calidad de sus servicios. La orden de demolición ha abierto un gran debate en la sociedad y es aquí donde ambos protagonistas muestran sus divergencias.
Para Javier Garrido «sin ningún género de dudas» hay que explorar todas las posibilidades para mantenerlo en pie porque genera riqueza en un entorno turístico. Apela al sentido común para que la demolición nunca se lleve a cabo. «No sé quién puede verse satisfecho al día siguiente de ver eso demolido y decenas de trabajadores en la calle», apunta.
Sin embargo, para Eulogio Abeleira, autor de la denuncia contra el Talaso, el edificio de siete plantas está abocado a la piqueta. «Se tiene que demoler por no adaptarse a lo autorizado en su momento y los vertidos que provoca al océano son gravísimos», afirma.
La cuerda floja en la que se encuentra el Talaso de Oia es una muestra de algo que históricamente vienen advirtiendo los promotores: la inseguridad jurídica. «La norma permite que haya defensores de lo eterno bien o mal intencionados que se dediquen a intentar buscar ese hueco donde meter todo en el ámbito penal o jurídico», reflexiona Garrido. «Tengo la conciencia tranquila contra quien infringe constantemente, me han intentado comprar muchas veces con cheques en blanco, pero jamás he quitado una denuncia», contesta Abeleira.
La solución pasaría para Javier Garrido por la elaboración de planes generales más simples, mientras que Abeleira cree que los debería redactar la Xunta.