Esto también es política

Manuel Blanco

FIRMAS

Le adelanto que, seguramente, esto que va a leer no le guste: Yo creo en la política. Lo propio en estos tiempos quizás sería decir lo contrario, cargar el arma y disparar a discreción. Contra injustificados privilegios, contra organismos inútiles, contra inversiones delirantes... Ocurre que la política es la menos nociva de las armas que nos hemos proporcionado los humanos para poner en orden nuestros asuntos. Y que a nuestro alrededor podemos hallar ejemplos que bien podrían reconciliarnos, aunque sea de forma tangencial, con el denostado mundo de la cosa pública. A Pontevedra, por ejemplo, la política, las ideas de un proyecto, le permitió convertirse en una ciudad ejemplar, en un modelo a seguir, cuando hace no tanto era una urbe más gris que otra cosa. El plan que ayer lanzó la Diputación camina en esta dirección. Intervenir en el mercado laboral cuando el paro se ha convertido en el mayor problema ciudadano de este país (CIS dixit) resulta un acierto, sobre todo si se ponen los medios para alejar cualquier fantasma de enchufismo y se constituye un tribunal independiente que barema por méritos académicos. Algún colega de la oposición no ha podido resistir la tentación de atacar la iniciativa, pero en el fondo no ha hecho más que caer en las habituales incoherencias de quien no tiene responsabilidades de gestión. Y es que no hace tanto, programas similares lanzados por administraciones de otro color político recibían incontables loas y eran puestos como ejemplo sin pudor.

Habrá quien piense, por otro lado, que las administraciones están para otra cosa, pero yo soy de los que creo que están precisamente para esto. Para atender los problemas de los ciudadanos, para buscar soluciones a sus necesidades. Ya sea el paro o un punto de luz. Eso, y sobre todo eso, es la política.