En contra de los deberes:


1 Los deberes no son eficaces, al menos en primaria (¡y ya no digamos en infantil!). ¿Para qué cogerles manía a las fichas en 1.º de primaria? ¿Qué necesidad hay de hacer ejercicios sobre adverbios y adjetivos en 3.º, cuando aún no tienen una buena comprensión lectora? En cuanto a los deberes en secundaria, sí pueden aumentar el rendimiento escolar si se trata de prepararse para la evaluación («Contesta a estas preguntas, que son las que van a caer en el examen»). Así se aprende lo que se va a preguntar... aunque no siempre se entienda su significado. ¿Es ese el objetivo de la educación?

2 ¡Son aburridos! Provocan desmotivación y rechazo hacia el estudio. Los alumnos los perciben como tareas inevitables y engorrosas, de las que hay que intentar escapar. No están en conexión con el mundo real que ellos viven (Internet, redes sociales, aplicaciones informáticas...), sino que pertenecen al «aburrido mundo de los adultos del siglo pasado».

3 No crean hábito. Cualquier profesor de secundaria es testigo de que gran parte de los chavales de la ESO, a pesar de que llevan años teniendo deberes para casa, ¡siguen sin hacerlos! Se olvidan, pasan, no tuvieron tiempo... Todo ese supuesto entrenamiento en primaria no ha servido para nada.

4 No fomentan la autonomía. La mayoría de los niños hacen sus deberes acompañados de sus padres o del profesor particular. Esta situación crea desigualdades sociales, ya que no todos los progenitores cuentan con el nivel de formación necesario para ayudarlos ni con recursos económicos para pagar a un profesor.

5 Son excesivos. En los últimos años se produjo un importante aumento de la cantidad de deberes que se ponen en primaria. Los niños que hace 15 años (en 1997) dedicaban menos de una hora (o nada de tiempo) a hacerlos pasaron de ser el 37 % al 20 % en la actualidad; los que dedicaban entre una y dos horas, aumentaron del 40 % al 48 %; y los que estaban más de dos horas, del 23 % han pasado al 32 %. (Datos de Comunidad Escolar).

6 Los deja sin tiempo libre. De hecho, Unicef ha dado la voz de alarma sobre el poco tiempo del de disponen los escolares, que invierten una media de 38,5 horas semanales entre el colegio y los deberes.

7 Son motivo de ansiedad y estrés. La Sociedad Española de Psiquiatría también ha alertado del aumento del estrés en los niños españoles (un 10 % lo padece), en muchos casos con medicación incluida (ansiolíticos, antidepresivos...).

8 Crea tensiones entre padres e hijos y enfrentamientos constantes. Qué deberes tienes para mañana es la primera pregunta que hacen muchos padres a sus hijos nada más recogerlos en el colegio. No parece lo más deseable para establecer un vínculo emocional y comunicativo relajado y positivo.

9 Impone horarios irracionales: comidas apresuradas, menos horas de sueño, sedentarismo...

10 No se adaptan a las necesidades de cada individuo. Los trabajos para casa pueden ser eficaces si responden a las necesidades de cada estudiante, pero en la práctica esto no es así. En el caso de los alumnos con dificultades de aprendizaje, los deberes son una constante fuente de frustración para toda la familia, sobre todo cuando todos los esfuerzos se centran en alcanzar el listón académico.

Y, en general, son la muestra de que algo falla en nuestro sistema educativo. Después de pasar una media de ocho horas en el centro escolar, ¿de verdad es necesario hacer tareas en casa?

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