«En Aldeas nadie trabaja por dinero»

Soledad Antón García
soledad antón VIGO / LA VOZ

FIRMAS

M. MORALEJO

Empezó a colaborar con la ONG hace 38 años como modelo en una pasarela solidaria

11 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Tiene Rosa Freire muchos rincones favoritos, pero ninguno como Ventosela, el buque insignia de Aldeas Infantiles en Galicia, al que se sumó como una grumete más hace 38 años y que desde hace doce capitanea. Es un espacio que conoce bien porque aunque desde que preside la organización el trabajo de despacho ocupa la mayor parte de su tiempo bien a su pesar, sabe lo que es recorrer cada una de las casas de la aldea y hablar con cada madre y con cada niño. Dice que en estas casi cuatro décadas le ha tocado hacer de todo _llevar niños al médico, seleccionar madres, pelearse con humedades y tejados en mal estado...-, por eso sabe en primera persona que «es una tarea que exige vocación».

Explica Rosa Freire que esa vocación no solo se produce en puestos voluntarios como el suyo, sino también en las personas que integran la plantilla de la ONG y cobran un sueldo. «El compromiso es total. Este trabajo exige no solo que te gusten los niños, sino toda una forma de vida. Aquí nadie viene por dinero. Es muy vocacional», dice.

Es pura pasión lo que transmite Rosa Freire cuando habla de Aldeas Infantiles, organización a la que ella llegó por casualidad. Eran prácticamente los comienzos en Galicia. «Estaba casi todo por hacer e, igual que ocurre ahora, se necesitaba dinero», explica. Rita Regojo, fundadora y alma máter del proyecto, del que solo la muerte logró separarla, llamó a la puerta de Rosa por persona interpuesta. «Me dijo ?vamos a hacer un desfile para recaudar fondos y nos gustaría contar contigo?. Les dije que yo de desfilar no sabía nada y que lo más probable es que me cayera de la pasarela».

No se cayó, pero ironiza sobre lo mal que lo pasó teniendo que ponerse tacones. «No los utilizaba nunca. No se puede correr con tacones detrás de cinco hijos de entre dos y diez años como yo tenía entonces», explica.

Lo cierto es que debió de hacerlo tan bien, que le pidieron que se quedara a echar una mano. Y echó las dos. Siempre de forma altruista. No sabe de dónde sacaba el tiempo. «Estaban en construcción las tres primeras casas de la aldea. Hoy tenemos 12 y viven 40 niños». Subraya Rosa que Aldeas Infantiles ha crecido también a lo ancho, ya que ahora cuentan con centros de día, a los que acuden otros 60 chavales.

Explica que reciben ayudas de instituciones, pero que un sustento vital son sus 12.000 socios. El teléfono de Rosa no para de sonar. Están buscando financiación para arreglar cañerías, retejar, cambiar la calefacción, solucionar humedades... «La aldea tiene unos años y necesita muchas mejoras. Hacemos lo que podemos», dice.

Asegura que la mejor recompensa a todo el trabajo que realizan es la sonrisa o el abrazo de los pequeños. «Es difícil transmitir lo que sienten la mayoría de ellos cuando llegan, cómo cambia su vida. Saber que uno forma parte de ese cambio es impagable», dice.

CIUDADANOS EN SU RINCÓN rosa freire presidenta de aldeas infantiles