La tasa de la basura subirá de golpe un 11 por ciento por una decisión política. No porque tenga problemas económicos Sogama. Que no le salgan las cuentas es consecuencia de que el Gobierno ha cambiado la política eléctrica, rendido al conglomerado que forman bancos, industria energética, telecomunicaciones y grandes corporaciones mediáticas. Esos cuatro sectores conforman un todo, con acciones y cuotas de poder entreveradas. Y, en esta crisis, nuestros políticos se han puesto claramente de su parte, en lugar de defender a

sus ciudadanos, «abusados» hasta la extenuación para rescatar a ese tinglado omnímodo que gobierna este país. Los partidos les deben mucho, les temen mucho y les gusta mucho sentarse en sus consejos de administración cuando se retiran.

La basura sube en Galicia porque el Gobierno ha eliminado las bonificaciones a la generación de electricidad. Castiga al ciudadano que tenía una placa fotovoltaica en el tejado y lo condena a pagar a las compañías tradicionales. Y a Sogama la ha dejado sin una buena fuente de ingresos: la energía que producía quemando basura. Esa es la razón por la que la Xunta sube el canon de los residuos. Para que entre todos paguemos el regalazo que el Gobierno le ha hecho a las compañías eléctricas. En Vigo, serán 9 euros por familia al año. Y la delegada de la Xunta, Bravo Bosch, dice que no es mucho.

A ella le parece poco, ¿pero cuánto es mucho? Por ejemplo, los más de 100.000 euros que ingresa al año el presidente de Sogama. En Galicia cobra más el presidente de la basura que el de la Xunta. Y «mucho» podrían ser las jugosas dietas que se reparten los 13 consejeros de Sogama, políticos colocados a dedo. Esto, dirán, es el chocolate del loro. Es poco. Pero a mí todo este asunto me apesta.

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