Por mí que se pudran

FIRMAS

Pasó el último pleno municipal y, de nuevo, esos señores que cobran ingentes cantidades de pasta por resolver los problemas de los ciudadanos no dedicaron ni medio minuto al más importante. La emergencia social es terrible. Cada vez hay más pobres aquí al lado, en Vigo, por la calle, pero los ediles no les dedican ni un rato. Les recomiendo a los políticos que lleven pancartas al próximo pleno. «La pobreza me importa un bledo», podría poner en letras bien grandes cualquier concejal del gobierno local. Y la oposición se levantaría en silencio, todos con camisetas de «Por mí que se pudran». «Peinador sí, pobres no», deberían rotular en solemne azul en el suelo de la sala de plenos. Que en eso sí hay unanimidad.

La culpa la tienen Cáritas, los Hermanos Misioneros de los Enfermos Pobres, AFAN, la Misión del Silencio, Vida Digna y, perdonen que no los cite a todos, toda esa gente que cree que otro mundo es posible... solo si nos ponemos a ello; y cada día se ponen. Tienen la culpa porque han malacostumbrado al poder. Su entrega no es nueva. Antes de que esta fractura social fuera tan disparatada, muchos años antes de que tres millones de españoles vivieran con menos de 300 euros al mes, como ocurre ahora, ellos ya estaban allí. El poder se ha acostumbrado a no gobernar para los pobres -que no votan- y que sean cosa de otros. Ya hay quien se encarga de meter las manos en el fango, así que toda esa tropa ni siquiera se sonroja cada vez que habla de humanizaciones y peinadores o cada vez que presume de cuentas saneadas.

A veces me pregunto si no sería mejor que Cáritas, los Misioneros y compañía cerraran durante un año, para centrar a los que mandan. Y luego me digo que no. Porque son capaces de inaugurar ayudas de emergencia o platos de comida con tal de salir en la foto.

angel.paniagua@lavoz.es