Su investigación ha cambiado los criterios de lista de espera por un corazón
21 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Eduardo Barge Caballero (Carballiño, 1979) es, junto con la también cardióloga y también ourensana Marisa Crespo, el director de una investigación sobre los pacientes trasplantados de corazón publicada en la prestigiosa revista científica Circulation: Heart Failure y que está revolucionando la indicación para recibir un órgano. Realizó su formación como especialista en Cardiología en el Complexo Hospitalario Universitario A Coruña entre los años 2004 y 2009 y, tras su finalización, se incorporó a la Unidad de Insuficiencia Cardíaca Avanzada, en la que ejerce su actividad desde entonces.
-¿Qué es lo que han descubierto?
-El estudio fue multicéntrico, participaron prácticamente todos los hospitales de España que hacen trasplante cardíaco, quince centros. Revisamos todos los pacientes trasplantados de corazón en el período 2000-2009. Nos planteamos analizar el pronóstico de los operados en urgencia cero, 704, que son prácticamente el 25 % de todos los trasplantados. Son los más críticos, tienen prioridad sobre los demás cuando aparece un órgano y también mayor riesgo de mortalidad. Entonces nos planteamos si era posible predecir el riesgo de mortalidad precoz en el postrasplante. Se trataba de tener una identificación más precisa para ver qué pacientes deben ir al trasplante y cuáles no.
-¿Cómo se establece la prioridad para entrar en la lista de espera?
-Hay una clasificación internacional en siete grados por orden de gravedad, pero habitualmente el trasplante cardíaco en situación de urgencia cero solo se justifica en los cuatro primeros, que son los casos más críticos. Lo que observamos en nuestro estudio es que existía una gran diferencia entre dichos niveles en cuanto a la mortalidad inmediata tras el trasplante: del 43 % de mortalidad inmediata en el nivel 1, al 27 % en el 2 y el 18 % en el 3, que es más asumible.
-¿Y concluyeron?
-El paradigma era que, hasta hace unos años, en España un paciente se ponía en situación muy mala, en shock cardiogénico, y se metía en lista de espera. Nosotros abogamos por no operar en esa situación. Un paciente no puede ir al trasplante muriéndose, porque el daño irreversible que se ha producido en el resto del cuerpo, en los riñones, en los pulmones, el hígado... a raíz de su problema cardíaco hace inviable el injerto. La mortalidad del paciente se produce en la mayoría de estos casos por fallo del corazón trasplantado, que no es capaz de revertir el daño previo. Aunque sea un corazón perfecto.
-¿Qué alternativa les queda entonces a estos pacientes?
-Trasplantar no siempre es la mejor opción, al menos no de entrada, a veces hay que esperar. Primero hay que estabilizar a los enfermos poniéndoles lo que se llama un corazón artificial, que realmente es un sistema de asistencia ventricular de corta duración, un ECMO, que asiste al corazón y sustituye a los pulmones. De este modo se consigue que el paciente pueda ir al trasplante con una mayor expectativa de salir adelante. No todos se estabilizan, pero algunos pacientes llegan a recuperarse tanto que no necesitan ser trasplantados.
EDUARDO BARGE carDIÓLOGO DEl Complexo hospitalario universitario a coruña