Las dinastías reales de la Edad Moderna son un buen laboratorio para estudiar los efectos de la consanguinidad
05 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Francisco Camiña Ceballos leyó ayer en la Facultade de Bioloxía su tesis, dirigida por Gonzalo Álvarez Jurado, sobre la consanguinidad en las dinastías reales europeas en la Edad Moderna, donde la política de matrimonios entre parientes llevó a unos índices de consanguinidad muy altos. Por eso, estos linajes son un buen laboratorio de estudio de los efectos de la consanguinidad en la población humana y en eso se basa el trabajo de este investigador de la Universidade.
-Analiza tres linajes en su trabajo.
-Sí, analizamos los linajes de los Habsburgo, los Borbones y los Valois. En el trabajo nos hicimos dos preguntas principales. Una era si los Austrias desaparecieron a causa de la consanguinidad y la otra era si las dinastías europeas de la Edad Moderna son laboratorios de consanguinidad para estudiar sus efectos en la población humana.
-¿Cuáles fueron las respuestas?
-La casa de Austria sí desapareció por esta causa y se debe a dos motivos principales. La mortalidad de los infantes fue muy alta y además, el último rey Austria, Carlos II, el Hechizado, tenía un índice de consanguinidad equivalente al de una unión incestuosa -padres e hijos o entre hermanos- a pesar de que sus padres eran tío y sobrina a causa de la acumulación por los matrimonios de sus antecesores.
-Dicen también que es un buen laboratorio de estudio de los efectos de la consanguinidad en las poblaciones. ¿Cuáles pueden ser esos efectos?
-La consanguinidad afecta en que hay mayor probabilidad de sufrir enfermedades de todo tipo, desde bacterianas hasta genéticas, desde sepsis hasta incluso el cáncer y además incrementa el índice de mortalidad de los niños hasta los 10 años.
-¿Cuándo se dieron cuenta de que la política matrimonial que estaban llevando a cabo le producía estos problemas?
-Lo cierto es que antes era muy común que se casasen entre parientes por diversas razones y de hecho, el 10,4 % de la población actual es consanguínea. En realidad, la consanguinidad está muy estudiada desde hace años pero no se había contemplado que las dinastías reales pueden funcionar como buenos laboratorios de estudio y nosotros además hemos cruzado datos de carácter histórico y genético.