Medio Rural evalúa los daños e inicia la recuperación del suelo quemado
28 sep 2013 . Actualizado a las 07:00 h.El suelo ha sido la principal víctima del fuego que devastó más de 600 hectáreas del monte de Barbudo y parroquias adyacentes en Ponte Caldelas. La llegada de las lluvias impone la toma de medidas urgentes para evitar que la erosión cause problemas irreversibles en este monte, sobre todo porque algunas de las zonas donde las llamas fueron más voraces están en pendientes pronunciadas y la pérdida del suelo, por el arrastre derivado de la fuerza de la lluvia, dificultaría su regeneración.
Desde esta semana operarios supervisados por la Consellería do Medio Rural están acometiendo una serie de trabajos en el monte de Barbudo, destinados a garantizar el correcto funcionamiento del sistema hidrológico e impedir que se produzcan tapones que causen inundaciones. También técnicos del Centro de Investigacións Forestais de Lourizán están llevando a cabo la recopilación de datos para poder decidir dónde actuar con mayor urgencia y qué medidas complementarias adoptar para limitar la erosión.
José Antonio Vega, del centro forestal de Lourizán, explicó que en Barbudo el fuego dejó un monte «bastante afectado, con un daño severo, que no fue igual en todas partes». Esto obligará a una actuación prolongada. Un bosque no se recupera enseguida y cuanto antes se empiece a trabajar en él mejor.
Señaló que una de las primeras medidas es la «limpieza de la red de drenaje para facilitar la salida del agua» y actuar para proteger las laderas. Por estas razones, el proyecto incluye también la creación de pequeñas barreras para la sujeción de suelo en las pendientes, evitar escorrentías y facilitar un terreno apto para la vegetación. Aún así, Barbudo convivirá durante bastante tiempo con las cicatrices del fuego. «El suelo tarda mucho en recuperarse, la vegetación se recupera con facilidad por las precipitaciones, pero el suelo sufre más», sentenció Vega.