Las incidencias se limitaron a la acción de los carteristas, atascos al final de la tarde y una mujer que se mareó
25 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Todos los ojos estaban puestos en la batea, y la batea y todo el operativo marítimo que lo acompañaba funcionaron a la perfección. El viento, que era un problema, amainó y el sol lució esplendoroso a lo largo de toda la tarde. El público vilanovés, y los miles de personas que llegaron de fuera, se volcaron con el acontecimiento y la guinda la puso la visita sorpresa del presidente Mariano Rajoy. Vilanova no parecía Vilanova. Fue más cosmopolita que nunca y será difícil que vuelva a vivir algo igual. Es difícil hacer un cálculo de gente. «Isto son tres momos polo menos», explicaba el jefe de la Policía Local, Joaquín García. Y todavía faltaba una hora para que los corredores tomaran la salida. Para entonces, los 70.000 metros cuadrados habilitados para aparcamiento, entre zonas públicas y fincas privadas, estaban ya repletos y en las calles del pueblo no quedaban huecos para aparcar.
Los teléfonos móviles dejaron de funcionar por la saturación de las señales y en algún balcón que miraba a La Vuelta ya empezaban a cobrar por asomarse.
El ciclista Gustavo César Veloso estuvo en Vilanova pero apenas pudo ver la carrera porque el público no le dio tregua, para felicitarlo y hacerse fotos con él. Por la mañana, como ayer y anteayer ya se podía ver mucho movimiento pero la fiesta de verdad llegó por la tarde. Y es que La Vuelta es mucho más que ciclismo. Es un espectáculo que moviliza a aficionados y a quienes no lo son y que consigue que el público coree la cuenta atrás de la salida de la contrarreloj, al compás que le marcan los presentadores de La Vuelta.
Por un par de segundos
La velocidad a la que pasaban los ciclistas apenas dejaban dos o tres segundos para disfrutar del momento, pero, visto lo visto, a la gente le vale la pena, pues hubo quien no se movió de detrás de la valla en toda la tarde. A una mujer le costó caro. A eso de las ocho le dio un mareo que obligó a movilizar a una ambulancia. Fue la única incidencia reseñable de una jornada multitudinaria. Sí hubo carteristas y atascos al caer la tarde.
Rajoy y su comitiva no sufrieron esos contratiempos. Llegaron a las siete menos diez, con el tiempo contado para escuchar los himnos de Galicia y España y para cortar la cinta inaugural. El presidente llegó andando, flanqueado por Ana Pastor, Núñez Feijoo y Rafael Louzán. Ya no hizo el camino de vuelta porque abandonó la batea por mar.
En el punto de salida en Vilanova