Parada dos Montes, aldea de pizarratrayecto desde a pobra

La Voz MONFORTE / LA VOZ

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CARLOS RUEDA

Una localidad de A Pobra do Brollón conserva un importante legado arquitectónico

24 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

La localidad de Parada dos Montes, en A Pobra do Brollón, se caracteriza por conservar numerosas muestras de la arquitectura tradicional de las zonas de montaña del sur lucense. Tanto en su fisonomía como en su modo de vida, la población presenta muchas similitudes con las aldeas de la sierra de O Courel, lo que no es de extrañar, puesto que se encuentra en el límite con este municipio. La construcción y distribución de las viviendas es la típica de esta región montañosa. Levantadas sobre fuertes pendientes, las casas se apoyan unas en otras, compartiendo muros y medianeras. Las ventanas de las más altas se abren sobre el tejado de las viviendas contiguas.

Buena parte de las edificaciones se asientan sobre la roca viva de pizarra que predomina en la zona, un material del que también están construidos muchos de sus muros. La pizarra local se distingue por ser bastante blanda, por lo que en algunas construcciones se aprecia un fuerte desgaste debido a la erosión. «A pedra de aquí era moi mala», señala un vecino. Muchas viviendas están hoy desocupadas, ya que el pueblo sufrió duramente el efecto del éxodo rural y de la emigración y los más de doscientos habitantes que tuvo hasta hace unas décadas -se contaban 32 familias- se reducen actualmente a siete u ocho vecinos. Pese a todo, la aldea merece una visita detenida por su especial valor arquitectónico y etnográfico.

El recorrido empieza en la parte alta, en la entrada del antiguo camino que procedía de A Pobra do Brollón y seguía hacia O Courel, atravesando la aldea en sentido longitudinal. Al comenzar la caminata quedan a mano derecha los manantiales conocidos como Fonte do Souto y Fonte de Abaixo. A continuación el camino recibe el nombre de Calzada do Souto y a la altura de las primeras viviendas pasa a denominarse Rúa da Petada. Aquí se pueden ver algunos tramos empedrados con lajas colocadas en chapacuña, es decir, hincadas verticalmente en el suelo para evitar que las arroyadas deteriorasen el pavimento. A la izquierda queda una vivienda que destaca por sus dimensiones, conocida por Casa do Cura. A la derecha está la Aira de Abaixo, un espacio empedrado donde se llevaban a cabo las mallas, colocando a su alrededor las medas de paja. «Cabían oito medas e daquela mallábase a man cos mallos, ata que anos máis tarde veu a máquina de mallar», recuerda un vecino del pueblo.

El camino pasa después por debajo una construcción llamada Pendello do Martizo, formada por tres viviendas unidas e independientes a las que se accede a través de una única escalera. Dos de ellas eran propiedad de un vecino conocido como O Martizo y la tercera, que estaba en el centro, se denominaba Casa da Aira.

Una callejuela empata a la derecha con la vía principal. Es conocida como Calexón de Vicente y en ella se encuentra una reducida construcción, dedicada a sequeiro, que llama la atención por sus singulares dimensiones. El frontal no llega a un metro de ancho y la trasera tiene menos de cuatro, pero su longitud es de unos doce metros.

En el centro del pueblo, en el lugar denominado Porta de Queiroga y a la altura de la llamada Casa da Fonte, el camino se divide en dos dos ramales. El de la izquierda lleva a la Fonte de Abaixo y continúa por la parte más alta de la aldea. El de la derecha baja hasta el fondo de la localidad para girar después a la derecha y continuar hacia las aldeas courelás de O Mazo y Vilamor. Cuando se transportaban grandes vigas -algunas de hasta doce metros de largo- para construir o reparar viviendas, había que ser muy diestro para hacer girar los carros en esta calle. «Non valía calquera carreteiro -dice un vecino a este respecto- e o que non era capaz de pasar con aquelas vigas non era considerado apto para levar un carro».

Madera y riqueza

En la localidad no había gente rica, pero las casas que tenían mucha madera bien trabajada eran consideradas como tales. Era el caso de la Casa de Queiroga, tenida como las más rica de todas. Su corredor o balcón destacaba por una balaustrada muy bien torneada. Parada dos Montes contaba con buenos carpinteros y torneros y el mejor de todos -según se cuenta- fue Baldomero Quiroga. Buena parte de los balaústres que se ven aún hoy en las galerías y corredores de las viviendas fueron torneados por él. Las familias con menos recursos económicos cerraban los corredores con simples tablas dispuestas horizontalmente.

La parte baja del pueblo, donde arranca el camino que lleva a O Mazo y Vilamor, recibe el nombre de O Cancelo. Allí había en tiempos una puerta que cerraba el camino por la noche para evitar que huyesen las cabras o que entrasen las alimañas. En la parte alta había otra especie de puerta que tenía la el mismo cometido y era conocida por A Cancela.

A las afueras de la población, en el camino que lleva a O Carballal, están la Fonte de O Pereiro y el horno de a Casa da Fonte o Forno da Fonte. Este horno se prestaba a los vecinos que no disponían de uno en sus casas para que pudiesen cocer el pan. A cambio solo tenían que remunerar al propietario con un bollo. La mayoría de las viviendas tenían su propio horno, excepto cuatro o cinco. El más grande era el de la Casa das Penelas, que podía cocer entre dieciséis y dieciocho bollos en la misma hornada.

En este paraje, por otra parte, se juntaban todas las cabras del pueblo cada mañana para que un pastor las llevase al monte a pastar. Al anochecer las cabras se reunían de nuevo en el mismo lugar para ser devueltas a sus dueños. «Cada cabra encamiñábase para a súa corte, e non se equivocaban de casa nin de corte», dice uno de los vecinos.

El pueblo contaba en tiempos con siete fraguas, cuyos nombres aún son recordados. Eran las de Baldomero Quiroga, Martizo, Parolas, Gallego, Petada, Touzón y Gerardo. En ellas se fabricaban y se arreglaban las herramientas de labranzas y los utensilios domésticos. «Facíanse fouces, sachos, ferraduras, cravos para as zocas, rellas para os arados e tamén tixolas», rememora un vecino. «Estas tixolas eran moi pesadas pero seguras, facíanse dunha soa peza nun molde de pedra», añade.

La localidad tiene una iglesia construida en 1885 y dedicada a santa Inés. Su imagen preside el altar mayor, flanqueada por las de san Luis y santa Clara. El retablo que hay en el templo, según la tradición local, procede del convento monfortino de Santa Clara y fue comprado cuando se creó la parroquia, a comienzos del siglo XIX. Según los vecinos, las monjas decían que el retablo había sido cedido por cien años, pero los antiguos habitantes de Parada dos Montes replicaban que fue adquirido sin vuelta.

Las casas donde había mucha madera bien torneada eran tenidas por ricas

Hay que salir de la capital municipal, A Pobra do Brollón, tomando la carretera que lleva a Parada de Montes y Folgoso do Courel. La localidad se encuentra en el kilómetro 15

El pueblo contó con siete fraguas y casi todas las viviendas tenían sus propios hornos