En el centro del mercado de Moaña, situado junto al mar, brilla la sonrisa de María del Carmen Trigo, la mejor placera de Galicia, siempre atenta a las necesidades del cliente que busca lo mejor
13 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Es como la nueva Eva que ofrece la tentación en forma de apetitosa fruta fresca. María del Carmen Trigo Fervenza exhibe una franca sonrisa a los clientes que se acercan al puesto y da instrucciones a su hija Tery, que da nombre a la frutería situada en la plaza de abastos de Moaña. María del Carmen fue elegida por los clientes como la mejor placera de Galicia entre los 105 mercados existentes en la comunidad. «Y el premio se nota. El otro día vino gente de Lalín que decía que quería comprar en el mejor puesto de Galicia», relata. «Y otro cliente originario de León quería hacerse una fotografía contigo», apostilla su hija.
La abuela de María del Carmen, Celia Amalia, empezó a vender hortalizas en la plaza de Moaña en el año 1923. «Durante los años de la guerra compraba en la estación de Vigo maíz que traían de contrabando», recuerda. «¡Lo que sufrieron en aquellos años!», añade su hija Tery. Celia Amalia era una matriarca. «Todos los nietos íbamos al desayuno de la abuela. Tenía vacas y cogía un cubo de leche y ponía dentro pan, azúcar y cascarilla y lo removía todo y hacía como una papilla. Lo tomábamos encantados», recuerda la placera, que tiene 64 años y estuvo trabajando en la frutería desde niña ayudando a su madre, que había heredado el negocio. «Cuando era niña le decían a mi abuela que tenía una hija muy guapa y ella respondía que era porque me daba harina de olio, que es una harina de maíz más fina que la Maizena».
Luego María del Carmen se convirtió en la titular en el año 1969, cuando nació su hija Teresa, a la que llaman Tery, y a la que dedicó la tienda. Antes de la remodelación de la plaza, la propietaria tenía un supermercado en la planta alta. Ahora ocupa dos puestos en el bajo. «Estoy muy cansada porque llego a las siete y media de la mañana y me voy a las tres y media o cuatro de la tarde», cuenta la mujer mientras exhibe las frutas y hortalizas que vende. «La mayoría de los productos que tenemos son de Moaña y de la zona, por eso cada cebolla tiene un tamaño distinto. No responden a un calibre predeterminado por el proveedor. Son productos de huertas caseras y se nota en el sabor. Saben más», enfatiza la frutera, que también vende chocolates y otros productos.
Una vez una chica le pidió doce repollos, 24 puerros y otra gran cantidad de hortalizas de otras especies. «La clienta me dijo que sus suegros comían mucho. Luego me pidió devolverlas porque le habían encargado verduras para plantar, no para comer».
María del Carmen Trigo Fervenza asegura que, aunque las plazas de abastos decayeron durante el bum de las grandes superficies, ve cómo se está produciendo un repunte de las ventas porque muchas personas van buscando un producto de calidad que no encuentran en otros sitios. Pero existe un problema. «Los sábados por la mañana viene mucha gente, pero se quejan de que no hay aparcamiento», subraya.