«No poder ser madre rompe biografías»

El jefe de reproducción asistida del Chuvi y el portavoz del Foro de la Familia en Galicia debaten sobre la reproducción asistida


Vigo / La Voz

Vidas enfrentadas Reproducción asistida sí, reproducción asistida no

La reproducción asistida va a dejar de ser lo que es. El Gobierno quería que las mujeres sin pareja o lesbianas se quedaran sin acceso a esa prestación, aunque finalmente el límite será padecer esterilidad. ¿Reproducción asistida sí o reproducción asistida no? «Es un debate perverso», dispara Domingo Vázquez Lodeiro. Para este ginecólogo no se trata de echar a nadie sino de mejorar los tratamientos, recortar las listas de espera y dar respuesta a una demanda social creciente.

«Es verdad, es artificial», concilia Luis Martín Pereira, funcionario. Según el portavoz del Foro de la Familia en Galicia, está claro que la sanidad pública debe actuar en temas de salud, cuando la infertilidad es una enfermedad. Pero solo ahí. Porque la sanidad pública «no está para cumplir deseos personales, legítimos, pero voluntarios, y que no tienen que ver con la salud», advierte. Porque, zanja, «las técnicas de reproducción asistida no solucionan el problema».

El médico sí ve un problema de salud. «No poder tener un hijo rompe muchas biografías», explica. Vázquez Lodeiro montó en el año 2000 la unidad de reproducción asistida del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo (Chuvi) y lleva a sus espaldas más de 3.000 inseminaciones y otros tantos ciclos de fecundación in vitro. Y aporta un dato: las mujeres sin pareja y las lesbianas «representan un 2,5 % del total de ciclos que se hacen». Así que ni es dinero ni es ahorro.

Pero sí hay debate económico de fondo. «Las técnicas son muy costosas y pagamos con nuestros impuestos la sanidad pública, que no debe financiar deseos», protesta Luis Pereira.

El doctor Lodeiro enseña un mapa. La Europa occidental y nórdica están en color verde. La Europa del este está en rojo. Los verdes tienen reproducción asistida pública; los rojos, no. Y luego está Italia, en negro, con una ley que no permite estas técnicas ni siquiera en la privada. ¿Dónde queremos estar? El ginecólogo tira de datos: en Dinamarca la mitad de los ciclos de fecundación in vitro se realizan en la pública, en España el 20 %; en aquel país el 5 % de los nacidos provienen de la reproducción asistida. «No es la solución al problema demográfico, pero como ya ha dicho el Parlamento Europeo, ayuda».

Sin embargo, para Pereira, hay cosas que chirrían: algunos embriones no se utilizan, hay «manipulación genética» o la implantación de más de un óvulo fecundado. «Es éticamente discutible», sostiene. Y da igual, sostiene, que hablemos de lesbianas, mujeres solas o familias tradicionales.

Salud o no salud, esa es pues, la cuestión. ¿Quién pone el dinero?

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos

«No poder ser madre rompe biografías»