Una entrada al país a través de la cárcel

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Después de seis años en la cárcel, François busca trabajo en Vigo.
Después de seis años en la cárcel, François busca trabajo en Vigo. Adrián SANTASMARINAS< / span>

Era mecánico en un barco que traía a España inmigrantes irregulares

28 jul 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

François Guineano, estuvo seis años en la cárcel

François (nombre ficticio), vive en Vigo de manera irregular y sin trabajo después de haber pasado los últimos seis años en prisión. Hace casi seis meses que salió de la cárcel de A Lama, donde cumplió la segunda parte de una condena de seis años y un día por formar parte de la tripulación de un barco que traía a España inmigrantes de manera ilegal desde Guinea Conakry. Pero no recuperó su libertad de manera inmediata, ya que la policía fue a buscarle para llevarle a Madrid, donde pasó un mes en un Centro de Internamiento de Extranjeros. El día 8 de marzo, esta vez sí, lo dejaron finalmente en libertad. «No sé por qué no me expulsaron del país», cuenta François, que recibió la noticia con sorpresa. Al día siguiente, volvió a Vigo, ya que los únicos amigos que tiene en el país los conoció cuando salía de permiso en A Lama.

François tiene 44 años y camina con dificultad debido a la polio, enfermedad que contrajo hace muchos años en Guinea. Era el mecánico del barco, y se refiere a ese suceso como «una trampa». Afirma que «obedecía órdenes» de su jefe», que no fue a prisión ya que no viajaba con él, y que «no sabía la gravedad» de lo que hacía. Pasó dos años en la cárcel en Tenerife, hasta que lo trasladaron a Vigo. Cuando llevaba cumplida la mitad de la condena, solicitó pasar el resto en su país de origen, algo a lo que se pueden acoger los presos extranjeros, siempre y cuando puedan pagarse el billete. «Solicité a la Audiencia Provincial de Tenerife cumplir lo que me quedaba de condena en Guinea, pero no me hicieron caso porque decían que mi condena no podía tener ese beneficio», relata.

Ahora quiere quedarse en Vigo, donde vive en una habitación que, de momento, le está pagando Cáritas. «Me han ayudado mucho, pero necesito un trabajo; no voy a estar tirando de ellos todo el rato», dice. Además, en su país tiene unos hijos a los que mantener. Su mujer le pidió el divorcio al ingresar en prisión «porque no podía esperarme tanto». Se casó con otro hombre y dejó a los niños con la madre de François. «Que se vaya», dice resignado.

Su prioridad es encontrar un trabajo para obtener el permiso de residencia. De no conseguirlo, dice que volverá a su país, aunque no tiene dinero para comprar el billete.

François cuenta que se sintió «muy orgulloso» al salir de la cárcel, ya que «hay que tener mucha fuerza para aguantar». La sensación de ser libre de nuevo es indescriptible, porque «si no tienes libertad, no eres persona», finaliza.