María Chenut, en el centro cultural de la Diputación
22 jul 2013 . Actualizado a las 06:00 h.Mudanza es una intervención en el espacio que reproduce una situación real. Al final, la vida es un ir y venir de arrastrar maletas. Somos apátridas. Cualquier lugar del mundo es nuestra casa. Nuestro cementerio de objetos, de memoria, público y privado. Pero no para siempre. Los nómadas del siglo XXI necesitamos seguir corriendo. Buscando ese lugar, nuestro lugar. Nuestro espacio. Cajas, maletas, trenes, aviones y carreteras secundarias. Recuerdos, personas y objetos que quedan atrás. Vamos hacia donde nos llevan nuestros propios pasos, sin más dirección que las ganas de volar y el inconformismo propio del artista. Siempre habrá otro lugar. Todas las ciudades son iguales al final porque arrastramos, en nuestra maleta mojada y de cartón ese pasado húmedo de la memoria y los afectos que nos construye y del que no podemos escapar.
María Chenut necesita veinte metros cúbicos para empaquetar sus trece años en Galicia. Un contenedor de emociones, vivencias y presencias, una mudanza real y afectiva que se apila encerrada en su embalaje en la sala uno del edificio Marcos Valcárcel. Un trabajo documentado por las fotografías de Marta Moreiras y dignificado por la poesía de Rosendo Cid. Un work in progress en el que la artista experimenta con los objetos fetiche de su mundo personal multievocativo y caleidoscópico. En su mudanza, las cajas apiladas, transportan a las Acumulaciones de Arman en una acción de revalorización positiva de los objetos en un tono expresivo, representativo y narrativo. Estos iconostasios de la memoria, el santuario que es nuestra casa como acumulación y proyección de nosotros mismos, en un presente y pasado intimo que se aborda en citas explicitas o implícitas, sucumbiendo a su etiquetado estético. El no lugar. Lo público y lo privado. Es una muestra Intermedia (Poesía & Plástica) que amplía el espíritu del Fluxus, su evocación de lo efímero, el cambio, lo inestable y la casualidad. El objeto empaquetado deriva del Estuche en Maleta de Duchamp.
Maciunas produjo maletas en las que guardaba objetos diferentes, utensilios caseros, múltiples, obras? Las cajas de Louise Nevelson se llenan de maderas recogidas en las calles de New York. Kantor convirtió la calle en Teatr Crico. Sus Embalajes son de gran teatralidad, un concepto cercano al paquete distorsionado de Christo. Kienholz se sirvió de objetos encontrados para realizar crítica social. Medio siglo antes el Escurridor de botellas de Duchamp había traspasado los límites del arte, como El vaso de absenta de Picasso de 1914, así el ensamblaje se convirtió en heredero del ready made y desenmascara el maquillaje del american way of life en un sórdido y constante Memento Mori y junto a Rauschenber, Segal, el arte Merz de Schwitters, representa el lenguaje de la metrópoli y el despilfarro, la deshumanización.
Es el epílogo de la Kulturindustrie o industria de la cultura de Adorno, del desprecio a la cultura de masas, término acuñado por Greenberg, en una exhibición de realidad inmediata, banal, narrativa. El lenguaje directo de lo real, de la cotidianidad, de lo trivial y lo esencial. Los artistas salen a la calle para hacer acopio de objetos abandonados para darles una segunda oportunidad. Los objetos representan la vida, superando su historia, lenguaje y uso. Marcando la incierta línea entre arte y basura.
La serie Migraciones documenta al objeto descontextualizado, la caja de pájaros, en distintas localizaciones. Buscando cobijo o compañía. Integrado o contrastado con el entorno. La búsqueda de nuestro lugar en el mundo, en un cuaderno de viaje de un mundo en movimiento.
Parella exhibe el objeto fetiche y el concepto traspasado a escultura. El Zapato con pelo, o Zapato-Gallo remite a Lucas Samaras en el mismo discurso plástico.
«Los objetos en el espejo están más cerca de lo que parece». En todos los retrovisores de los coches en EEUU está este aviso.
Permanecer. Persistir en la memoria. Renunciar. Lo que dejamos atrás. Lo que somos. Lo que poseemos. Objetos que crean sujetos.
«No hay nada que decir simplemente uno debe ser o vivir». Manzoni.