Tras arrasar en la clase Vaurien, que no es olímpica, se han lanzado a la 4.70
21 jul 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Cuatro veces campeonas del mundo en Vaurien de vela a sus solo 21 y 22 años -ayer la última-, las regatistas Lucía (Cangas, 1992) y Laura Llópiz (Vigo, 1991), primas, no parecen conocer límites. Se encontraron con uno para cumplir el sueño de ser olímpicas: la clase en la que venían compitiendo hasta la fecha y en la que tantísimos éxitos han cosechado no tiene esa categoría. No dudaron en cambiar y ya han empezado la preparación con vistas a Río 2016.
«Ya estamos entrenando en la clase 4.70, que sí es olímpica, e iremos al mundial en agosto sin más aspiración que adquirir experiencia», dice Laura. Reconocen que es un «salto enorme», que «al menor fallo, te ves última», pero estaban dispuestas a darlo para no estancarse. «Es lo que cualquier deportista busca. Te planteas cómo quieres que sea tu carrera y puedes optar por divertirte más con menos esfuerzo o intentar cosas nuevas. No tuvimos muchas dudas sobre que lo nuestro era lo segundo», explica Lucía.
Aseguran que el haberse llevado bien desde niñas es «clave» a la hora de competir. «Hay mucha complicidad. Nos entendemos con una mirada y, con eso, hasta ahorramos tiempo», comentan. Laura fue la que empujó a su compañera a acercarse al mundo de la vela. «A mí me gustaban todos los deportes: hice patinaje, fútbol, volei... En ninguno duraba más de un año. Ella me animó insistiendo en que seguro que me iba a gustar y no se equivocó», relata Lucía.
En cuanto a Laura, empezó porque era un deporte que le llamaba la atención, «por probar», y ya no paró. Ambas se iniciaron a edades relativamente tardías frente a lo que suele ser habitual y, juntas, la progresión ha sido meteórica. «Sí que te planteas cómo hubiera sido en caso de empezar antes, pero no merece la pena darle muchas vueltas», reflexionan.
Coinciden en que, de los seis años que llevan navegando juntas, los mejores instantes corresponden a los oros mundiales que han logrado colgarse. «Más el primero, porque es increíble. Te quedas como en trance hasta que te ves ahí arriba», señala Lucía. Tampoco hay dudas sobre el momento más complicado: la lesión que mantuvo a Laura apartada de la competición durante casi siete meses el año pasado. Ni con esas pensaron en dejarlo. «Fue duro, pero siempre tuve en mente recuperarme cuanto antes y subirme de nuevo a una embarcación», recuerda la joven. Mientras, Lucía llegó a competir con otra persona puntualmente. «Nada serio. Resultó difícil, porque ella estuvo parada más tiempo del previsto, pero siempre supimos que íbamos a seguir navegando juntas», subraya.
Laura estudia INEF, mientras que Lucía cursa la carrera de Matemáticas. Compaginar práctica deportiva y universidad no es sencillo. «Todo el tiempo que tienes está repartido entre las dos cosas y hay que sacrificar otras. También ir a un ritmo académico más lento», señala la mayor de las deportistas. Su prima añade que, además, deben «ponerse de acuerdo» para hacer cuadrar los quehaceres de una y otra. «Y menos mal que solo somos dos», celebra entre risas.
Tienen muy claro cuál es su referente: una regatista que, además, tuvo una trayectoria similar a la suya. «Támara Echegoyen también empezó en Vaurien y fue campeona mundial. En este ámbito, la conocemos y seguimos desde mucho antes del oro de Londres», apuntan. Seguir sus pasos supone ir a Río. «La idea es esa, pero es pronto. Somos ambiciosas y creemos que puede funcionar. Si no, no estaríamos al 100 % con este proyecto como estamos», zanjan.
los olímpicos que vienen laura y lucía llópiz regatistas, 4 veces campeonas del mundo