«El Náutico es una seña de identidad»

Soledad Antón García
Soledad Antón VIGO / LA VOZ

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Viviana García, en su mirador favorito del monte de O Castro, al que suele acudir todas las semanas.
Viviana García, en su mirador favorito del monte de O Castro, al que suele acudir todas las semanas. m. moralejo< / span>

Amante de los retos, asumió la presidencia de la entidad en el momento más difícil

01 jul 2013 . Actualizado a las 06:00 h.

O Castro es uno de los escenarios en el que confluyen más rincones preferidos de los cientos de vigueses que se han asomado a esta sección semanal. Viviana Fernández forma parte de esa nutrida nómina. En su caso, el espacio de referencia es uno de los incontables miradores del monte con una espectacular vista sobre la ría. Lo único que hay que evitar es mirar a la derecha para no darse de bruces con el abandonado edificio del antiguo restaurante El Castillo. «Cuando quiero evitar el bullicio subo caminando hasta aquí. Hay pocos lugares tan espectaculares, con la ciudad abajo y la ría al fondo. Es mi particular retiro espiritual», afirma.

Viviana García es una de tantas viguesas de adopción. Nacida en Lomas de Zamora, ciudad situada a tiro de piedra de Buenos Aires, su relación con Vigo empezó desde bien niña. Hija de gallegos, la familia pasaba las vacaciones a este lado del Atlántico. A los 18 años decidió que esta era su ciudad y a los 23, cuando se licenció como economista auditora, no dudó en cambiar el billete de barco para dar la vuelta al mundo que le habían regalado sus padres por otro de avión a Vigo. Desde entonces nunca ha vuelto a Argentina.

Lo primero que hizo nada más llegar fue homologar sus títulos y enseguida encontró trabajo. Curiosamente, en una empresa del metal, sector que conocía bien porque su padre tenía una pequeña empresa del ramo en Argentina. Antes de crear su propia asesoría económica, fiscal y laboral, fue interventora en una entidad bancaria. Lo que jamás imaginó -«ni lo pretendía», dice- fue que llegaría a presidir el Club Náutico que, casualidades del destino, era su lugar de ocio habitual en los meses de vacaciones que pasaba en Vigo durante su infancia y juventud. «Mis amigos eran socios, así que yo hacía un pase mensual cuando venía», explica.

Añade que le gustan los retos y no supo decir no cuando le propusieron que encabezara una candidatura para apartar de la dirección al equipo que, a juicio de un número no precisamente menor de socios, estaba llevando el club a la bancarrota. Los votos terminaron aupándola a la presidencia en noviembre. Desde entonces ha tenido que aparcar sus aficiones, salvo la de la lectura, porque todo el tiempo libre del que dispone, igual que les ocurre al resto de los compañeros de aventura, lo dedica a tratar de desenmarañar la situación económica de la centenaria entidad. «Queremos que la ciudad sienta al Náutico como algo suyo. Es una seña de identidad de la ciudad y todos tenemos que empujar para que el proyecto salga adelante», dice. Añade que si supiera que sobre otro referente, por ejemplo O Castro, se cernía una amenaza «soy la primera que me ato a un árbol».

Su filosofía económica pasa por «cuidar lo que se tiene e ir invirtiendo en la medida que se pueda», y es la que trata de aplicar el equipo que lidera. El objetivo es esquivar el concurso de acreedores. «Vamos a lograrlo», afirma entusiasta.