Dice que la fibromialgia «estaría máis valorada» si fuese de hombres
24 jun 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Dolores Bermúdez Vázquez.
Hostelera y presidenta de la Asociación Galega de Fibromialxia.
La Porta do Camiño porque es el enlace de muchas culturas, posee un parque con una deliciosa sombra y por ahí va y viene mucha gente. Y por supuesto peregrinos.
Dolores estaba muy tranquila ejerciendo su oficio de hostelera, con industria propia, en Ginebra, cuando se sintió mal. Un cáncer de huesos, temió. Tranquila, es una fibromialgia, le diagnosticó el médico. No conocía la enfermedad, pero sí verificó sus efectos, a sus 40 y pocos años no podía trabajar en su negocio. Recibió la incapacidad laboral, y ella y su marido cambadés decidieron retornar y domiciliarse en Santiago. ¿Por qué en Compostela? «Porque reunía boas condicións, entre elas os estudos dos rapaces».
Al llegar se fue al Hospital y le enviaron a Psiquiatría. Se atiborró de antidepresivos y lo pasó mal hasta que se desenganchó: «Adelgacei 12 quilos e a miña vida non tiña sentido. O retorno foi duro e unha persoa activa coma min viuse sen actividade nunha cidade descoñecida».
Dolores se dedicó a buscar información sobre la fibromialgia, se fue a Bilbao para vivir la experiencia del nacimiento de una asociación de afectados y vio el camino a seguir en Galicia. Era el 1999 y el lanzamiento de la idea asociativa aquí atrajo a un centenar de personas de toda la comunidad. Hoy son 1.700 los socios, aunque se dispensa atención a quien desee recibirla. La primera charla de la recién estrenada Asociación Galega de Fibromialxia (Agafi) la impartió el reumatólogo Jorge Blanco. Lo primero que le chocó a Dolores es la lista de espera para los fibromiálgicos, tremenda. Lo sigue siendo pese a los años transcurridos, y Agafi mantiene una ardua lucha por acortar el año y medio de paciencia. También le desalentó la procesión de médico en médico.
Otra cosa que le impactó fue el ver que la gran mayoría de los pacientes eran mujeres. Un pequeño porcentaje son hombres. Y eso es un hándicap histórico. «Se foran homes houbérase investigado, valorado e recoñecido máis a fibromialxia», lamenta Dolores. Y agrega: «Estaría máis avanzada a problemática desta doenza. É menos crible nas mulleres que nos homes». El reconocimiento de derechos laborales y de seguridad se cae en la sima del histórico agravio.
Pavor
El retorno de la emigración en Suiza constituye un pavoroso quebradero de cabeza para las fibromiálgicas, ya que la administración helvética tiende a retirar las pensiones a los que trabajaron y cotizaron allá y volvieron a España. La Seguridad Social les hace un control aquí y los informes de los especialistas son remitidos a Suiza, que está deseando verlos negativos para eliminar las pensiones de incapacidad o rebajarlas. Y a menudo lo son porque, enfundados en la nula sensibilidad y a sabiendas de la incapacidad que causa la fibromialgia, muchos de los informes remitidos a Suiza son desfavorables para el enfermo, que queda desahuciado.
Y encima no le son mostrados a los afectados, presas de la desesperación. Lo que se oculta con ello es la conciencia defectuosa de los informantes. Y Suiza tampoco es especialmente escrupulosa. «Están acurralados, porque quedan sen a pensión de incapacidade suíza e sen a española, xa que aquí non cotizaron», coinciden Dolores y Beatriz, vicepresidenta de Agafi.
«Hai problemas de saúde e xente intentando quitarse do medio por desesperación. Houbo mesmo varios intentos de suicidio», refiere Dolores.