«Por unos pocos que roban no nos pueden juzgar a todos los gitanos»

francisco varela FERROL/LA VOZ

FIRMAS

CÉSAR TOIMIL

un trabajo de integración en caranza

Es jueves a la tarde y en un sencillo local situado en un bajo de Caranza se afanan unas decenas de mujeres gitanas bordando y cosiendo. En otra parte del local el marido de una de ellas aprende a leer y los niños repasan sus libros escolares en otro extremo. Es el Taller de Promoción, que cumple 15 años de la mano de su creadora Tere Vilariño y con la que colaboran una docena de personas de todo tipo, eso sí, con 60, 70 e incluso 80 años. Sin ayuda alguna, solo el local cedido por Cáritas, sacan adelante a 25 mujeres, 3 hombres y unos 20 niños gitanos. Silvia, 23 años, madre de tres hijos (de 9, 8 y 3 años: hágase la resta, tuvo el primero a los 14 años) está contenta. Mientras cose cuenta su alegría: le han adjudicado una vivienda de Recimil. Hasta ahora vivía con su marido y los niños en una habitación cedida por su suegra en Recimil después de una gran espera.

Tere, que procede de la católica Hoac, de 63 años, señala: «Procuramos incentivarles la autoestima, con mucho cariño y ellas poco a poco nos hablan de sus problemas y yo aprendo muchas cosas, ¡tienes que verlas cómo se preocupan de nosotras cuando estamos mala alguna!, como dos compañeras del equipo que superaron un cáncer, se volcaron con ellas. Aquí venimos todos a aprender, es mi lema». Al lado de Tere está Sari Alabau, profesora jubilada e histórica militante del PC e IU. «Yo soy comunista, pero me entiendo perfectamente con Tere, trabajamos por lo mismo».

Uno de los tres días de la semana, el taller se dedica a cocina. Una chica, Diana, le dice que ya ha preparado en casa una tortilla. «Es tremendo -comenta Sari- apenas saben cocinar nada, se alimentan a bocadillos y la consecuencia de esta mala práctica es la epidemia de obesidad que sufren, sobre todo las mujeres, y las consecuencias: diabetes, hipertensión y depresión (son grandes consumidoras de antidepresivos)». Por eso, comenta Tere, han incorporado una enfermera jubilada al equipo para darles alguna formación en esta materia sanitaria. Eva Salazar, 42 años, tiene a su hijo Ismael (20) con mucho orgullo. Terminó al fin el bachillerato, de los pocos gitanos que lo consiguen, y ahora quiere prepararse para entrar en la Guardia Civil.

Una tercera mujer no está tan contenta. Tiene a su hijo en prisión, condenado por robo con violencia que dice no cometió, sino que fue un menor «y le echaron al culpa a él». «Por unos pocos que roban no nos pueden juzgar a todos los gitanos, también hay payos que roban», intercala otra. Espera la llegada del sábado para poder ir a verlo a prisión y siempre le lleva algún pequeño detalle. «No sabes cómo aprecian cualquier detalle, unos cuadernos y unos lápices de colores, cualquier cosita», subraya Tere.

El local ha sido montado con todo tipo de donaciones de los vecinos. Las mesas y las sillas también son de segunda mano. Y la ropa también. Ya no sobra tanta en las casas como antes, cuando los roperos de Cáritas estaban hasta el techo.

También está en el taller Nieves. Uno de sus hijos trabajó de reponedor en Alcampo, su marido repartió prensa. Ahora los dos están en paro y ella lo mismo. Faustino (27 años) se prepara para ir al examen de gallego, todos lo animan.