El valor de las pequeñas cosas

FIRMAS

Las pensiones, las prestaciones por desempleo, una sanidad y una educación públicas, vías de comunicación... De todo ello se conforma el llamado estado de bienestar, pero no exclusivamente. Hay otros factores, menos trascendentales, que también ayudan a hacernos la vida más fácil y que dependen más de voluntad y sensibilidad política que de cuestiones económicas. Las ludotecas para el verano son un buen ejemplo. Ni es lo que más dinero cuesta ni lo que más esfuerzo organizativo requiere y, sin embargo, ofrecen uno de esos servicios que niños y padres agradecen. Quizá no le reporte grandes titulares a los alcaldes ni lo puedan rentabilizar como baza electoral, pero que los gobiernos municipales se preocupen y ocupen del ocio de los chavales y de darle a los padres un respiro a falta de colegio, es un buen síntoma. Lo ideal es que esta oferta fuera gratuita, aunque tal y como están las cosas, este objetivo parece cada vez más difícil. No hay que resignarse. La sonrisa de un niño con la gorra calada bien lo merece. Cuestión de prioridades.