Vigo está apagado. Cuando debiera reivindicar nuevamente la capitalidad provincial, se le amenaza con perder el partido judicial sin reacción evidente. La ciudad está sin pulso, triste y sin rumbo, bajo el peso de su economía deprimida, incapaz de romper el maleficio que lo arrincona cada día más. El comercio languidece, los locales comerciales vacíos y las grandes superficies con demanda en declive son la consecuencia de sus altos niveles de paro y de las graves dificultades de sus sectores más relevantes. Vigo está agotado y ya no puede ofrecer los habituales puestos de trabajo.
En esta situación pesan también errores propios que deben asumir, entonando el mea culpa, instituciones, asociaciones, círculos empresariales, empresas de opinión y grupos políticos, que a caballo de la bonanza reinante dieron la espalda, o las enfocaron erróneamente, a las aspiraciones y problemas colectivos de la ciudad y su zona de influencia para volcarse exclusivamente en sus propios logros, olvidando que su provechosa situación particular provenía del impulso anónimo y generoso del puerto, de la pesca, del sector naval y auxiliar, de la automoción, de sus vías de comunicación, de su comercio y de todo cuanto aquellos sectores generaban en profesiones liberales de todo tipo. Recordamos los diferendos municipio/Autoridad Portuaria que para sonrojo general han quedado reducidos a infogramas a toda plana, mientras se ponían trabas con lujo mediático a la ampliación y dragado del puerto. También la claudicación de las fuerzas vivas y políticas a la desviación del AVE desde Santiago a Ourense, marginando a Vigo y al sur de Galicia. El proyecto Abrir Vigo al Mar hoy se reconoce un fracaso estético y funcional. La construcción naval, si Pemex entra en Barreras y se resuelve el tax lease, puede recobrar nuevos bríos. Pescanova, por mal gobierno y soberbia, puede no salir de su difícil situación. La caja viguesa, cuyos errores y alegrías fueron muchos, pereció en la fusión como único camino posible; si se hubiera quedado sola ya hubiera muerto antes. Solo PSA sigue caminando al impulso de una fuerza laboral modélica.
No se puede prolongar. Quienes en Vigo detentan su representación política o económica, también empresarial y laboral, y la sociedad civil adormecida, deben tomar la palabra y la acción porque Vigo, no lo duden, está en peligro y todos, en mayor o menor medida, somos responsables.