Javier tiene 2 años y nació con una enfermedad rara. Nada más venir al mundo en el Hospital Provincial de Pontevedra, sus padres, Roberto Gómez Cosío y Susana Cerviño Calvar, tuvieron que salir con él para el Hospital La Paz de Madrid, donde le diagnosticaron una linfohistiocitosis hemofagocítica congénita.
Según contó su padre, «después de seis meses de tratmiento con quimioterapias y transfusiones de sangre, el niño no tenía ni un 1% de sobrevivir». Pero los equipos de Neonatos y Pediatría de la Paz - «que son impresionantes», enfatiza Roberto-, consiguieron estabilizarle.
El siguiente paso era un trasplante de médula ósea, imprescindible para su curación, que fue posible gracias a un donante anónimo y «gracias a él vive nuestro hijo», dicen. Las perspectivas son buenas porque la enfermedad a día de hoy está remitiendo. «Está estupendo y creciendo, que es lo importante», afirma su madre.
Javier se convirtió este año en la imagen de la Pontevedrada y el mensaje que lanzaron sus padres fue que «hay muchas guerras contra las enfermedades graves y con las donaciones y trasplantes se ganan muchas más batallas de las que se pierden».