joaquín ángel feijoo psicólogo y rañeiro
A Joaquín, el mar le viene de familia. Su padre forma parte de esa nómina de hombres que pasaron buena parte de su vida embarcados en el Gran Sol. Su madre -y su abuela antes- se ganaron el pan vendiendo pescado. Las dos ramas de la familia sabían que pelearse con las mareas es «sacrificado», «e eran meus pais os que non querían que eu traballase no mar». Así que Joaquín se fue a la universidad y estudió Psicología. «Psicoloxía educativa», matiza. Combinaba los meses de estudio con los veranos pasados a bordo de un barco de cerco, un trabajo que le valía para sacarse algo de dinero con el que financiar sus estudios «e os vicios».
El recorrido académico terminó. «Nese momento mandas currículos e móveste, porque ante todo o que queres é ser independente, facer a túa vida». Pero encontrar trabajo como psicólogo no es tan fácil. Así que, durante años, Joaquín aprovechó las ocasiones que tuvo para ejercer como monitor de grupos de personas con discapacidad y las combinó con una retahíla de empleos de todo tipo. «Fun camareiro, fixen enquisas, vendedor de páxinas de Internet, cortador de bacallau...». Pero tanta movilidad laboral agota. Y el padre de Joaquín, harto de verlo ir y venir, le planteó que se subiese con él a la embarcación de marisqueo a flote que explota desde hace unos años.
El trabajo es duro, pero a Joaquín le gusta, y lo respeta. «É una actividade física, ao aire libre... E ademais é unha actividade fundamental nun pobo como Cambados», dice. Lo mejor es que las tardes las tiene libres. O no tanto, porque tras varias colaboraciones con Bata, ahora trabaja un par de horas por la tarde en esta asociación, realizando talleres para personas con autismo. «A verdade é que é algo impresionante. Trato con nenos aos que lles costa moito comunicarse. E cando consigues algún avance...». La voz de Joaquín deja escapar toda la pasión que siente por ese otro trabajo. El que no le da para vivir, pero el que le ayuda a alimentar un espíritu libre.