Solo hay segundos para reaccionar. Y en ese mínimo instante ellos arriesgan su vida para salvar a otros. Aquí están sus historias
21 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Hay un resorte que en una situación límite enfunda a cualquier persona el uniforme de héroe. Hay quien no soporta ser solo testigo, quien sin pensarlo se lanza para agarrar con su mano la vida, aún sabiendo que puede ser la suya la que pierda en el intento. No hay que buscar muy lejos para encontrar ejemplos cercanos. Está el del agente de la Guardia Civil que el pasado domingo disfrutaba de su día libre en la playa de Samil y no dudó un instante en arrojarse al mar para salvar a una joven de 15 años a la que arrastraba irremediablemente la corriente. El mismo día, el equipo del helicóptero Pesca I también rescató a dos surfistas con problemas en A Lanzada.
La repercusión de sucesos como los citados permite descubrir las increíbles historias que esconden muchos ciudadanos anónimos, ya sea bajo las siglas de los cuerpos y fuerzas de seguridad o con sus nombres y apellidos. Hoy recordamos algunas de las más llamativas, pero en este elenco de heroicidades entran también muchas actuaciones que muchas veces no alcanzan la notoriedad que merecerían.
La Policía Local realiza casi trescientos «servicios humanitarios», que así se denominan, a lo largo del año. Para los agentes de la Policía Nacional la media es de quince o veinte al mes. La atención a mayores que viven solos o las desapariciones puntuales suponen una buena parte de esas atenciones. Pero no es la primera vez que se ven obligados a realizar un masaje cardíaco en plena calle.
En el caso de la Policía Local, todos los coches patrulla van equipados con un botiquín básico y los agentes recibieron formación específica en primeros auxilios después de que hace años se produjesen varios casos seguidos en los que tuvieron que intervenir.
¿Pero qué mueve ese providencial resorte en estos ángeles de la guarda? Ni los mismos protagonistas saben explicarlo. Como dice Javier Villanueva, que salvó a un niño de siete años de morir ahogado en el Lérez, «son momentos en que no piensas, simplemente te lanzas». Como decía el cardenal y escritor John Henry Newman, «El cálculo no hace al héroe».