Vigo vierte también 250 millones de litros de aguas contaminadas a la ría y produce 350 toneladas de basura
21 abr 2013 . Actualizado a las 06:00 h.Solamente en el tiempo que le llevará leer esta página Vigo emitirá a la atmósfera 18 toneladas de CO2. No es la mejor noticia para animarse y empezar, pero es que mañana será el Día de la Tierra, una de esas fechas señaladas para informar y reflexionar sobre los males que afectan al planeta, que no han mejorado, más bien lo contrario, en los 43 años que se lleva celebrando cada 22 de Abril.
Con la que está cayendo en la economía, el paro, los recortes generalizados casi da miedo leer cada día los titulares de la prensa. Frente a esos graves problemas parece una frivolidad preocuparse por algo tan aparentemente banal como el medio ambiente y es fácil caer en la tentación de considerar un lujo superfluo destinar recursos a su conservación cuando existen otras necesidades acuciantes. Frivolidad, lujo y banalidad que dejan de serlo con solo pararse a pensar que nada es posible sin ese medio que lo sustenta todo.
El caso es que un día cualquiera, por ejemplo el Día de la Tierra, Vigo producirá 350 toneladas de residuos urbanos, verterá a la ría 250 millones de litros de aguas contaminadas y emitirá a la atmósfera 5.375 toneladas de CO2. Ese mismo día, mientras 15.000 familias subsisten por debajo del umbral de la pobreza, tiraremos a la basura 67 toneladas de alimentos en perfecto estado. Muchos de esos alimentos -que aunque no lo sepa ni se lo indiquen contienen transgénicos- llegarán a las tiendas tras recorrer una media de 5.000 kilómetros, y de la tienda a casa en alguna de las 194.000 bolsas de plástico que usaremos mañana. Afortunadamente, las bolsas no hacen ruido, ni falta que hace al 89 % de la población que disfrutará este lunes de niveles sonoros considerados como umbral de contaminación acústica.
Partículas que pesan
Y es que el ruido no se ve, casi igual que esas pequeñas partículas que acompañan a la contaminación atmosférica y de las que, esperemos, mañana no sea uno de esos frecuentes días en los que Vigo supera los límites recomendados por la OMS. Aunque pequeñitas, esas partículas pesan, y caen, y manchan, pero no será nada que no solucione una ducha, y con ella se irán por el sumidero los 69 millones de litros de agua potable que usaremos mañana en nuestros domicilios. Algunos terminarán saliendo por los 43 puntos de vertido de la ría, sumados al otro millón de litros de agua previamente potabilizada y que, una vez contaminada en el proceso, se verterá directamente a la ría si mañana toca baldear las calles.
Todo sea por vivir en esta ciudad hermosa, que se nos queda pequeña -a pesar de los 2.575.000 m2 que llevamos ocupados a esa ría- si comparamos su huella ecológica, es decir, el espacio que necesitaríamos para producir la energía y alimentos que consumimos y procesar los residuos que generamos, que ya sobrepasa en seis veces su tamaño y se acerca peligrosamente a los 700 km2.
El medio ambiente es mucho más que animalitos y plantas y la preocupación por su bienestar, como con frecuencia se intentan caricaturizar las propuestas ecologistas para ridiculizarlas, aunque poco tiene de divertido saber que cuando usted termine de leer el periódico esta mañana alguna especie de animal o planta se habrá extinguido para siempre de este planeta al que simultáneamente se incorporarán 290.000 nuevos seres humanos, el equivalente a la población de Vigo. Somos cada vez más personas y cada vez nos estamos quedando más solos en un mundo en el que desaparecen vertiginosamente el resto de especies.
Si aún así sigue pareciendo irrelevante, secundario y superfluo preocuparse por el medio ambiente que sirva de consuelo saber que al menos ese lujo no nos sale excesivamente caro. En lugar en el que de verdad se ponen sobre la mesa y se cuantifican las prioridades, que no son los discursos con foto rodeados de niños sino los presupuestos, en los de Vigo el gasto para la cosa ambiental no llega ni al 0´5 %.