Sin blindaje contra los ladrones

Rosa Estévez
Rosa Estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

FIRMAS

Pontecesures vive una oleada de robos permanente. El bar Katamarán, que ocupa las oficinas de un banco, ha sufrido cuatro robos en un año

12 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

No solo roban

y destrozan: los cacos causan problemas con

los seguros

Antes de convertirse en un bar famoso en Pontecesures por sus bocadillos, el local que ahora ocupa el Katamarán era la sede de la oficina que Caixa Pontevedra tenía en la localidad. Así que en todos los ventanucos hay barrotes, «e temos alarma, que mete bastante ruido». Pero ni la sirena, ni los cristales blindados, ni la doble puerta han logrado impedir que el local que regenta Juan Pardal haya sido violado por los ladrones cuatro veces en el último año. Las dos últimas, con apenas siete días de diferencia.

«Xa costa moitísimo afrontar os gastos dun negocio como para que che boten un roubo enriba», reflexionaba ayer el responsable del local. Así que, echando mano de un humor que se resiste a perder, advierte a los ladrones «que non veñan máis, que non hai un duro». Lo que no hay en el bar, seguro, es tabaco. Tras los últimos robos ha decidido dejar la máquina expendedora de cigarrillos vacía y abierta. La tragaperras, blindada contra los cacos. Y la registradora se vacía todas las noches. «Ao mellor quedan algúns céntimos, pero nada máis. Todo o que teño de certo valor, vaise conmigo para casa», explica.

Juan se declara en «estado de guerra». Y parece que en su bando solo estuviera él y quienes, como él, tienen negocios en Pontecesures. «De feito, non sei como non hai aínda máis roubos, porque a Guardia Civil non anda por aquí». «Polo día temos de todo: policía local, tráfico, controis de alcoholemia... Pero a partir das nove non hai ninguén», sentencia.

Eso le facilita las cosas a ladrones como el que en las últimas semanas se acercó dos veces, de madrugada al local. Maza en mano, destrozó los cristales blindados de la puerta, demostrando que «está cheo de enerxía, porque para romper isto vinte golpes, e ben fortes, tivo que dalos. Traballador tamén é», vuelve a ironizar Juan. Y rápido, añadirá después: en su última incursión se llevó hasta una tele y el mando correspondiente.

El mismo ladrón visitó el C?est la vie. La propietaria de este local, Teresa Blanco, se declara tan harta de los robos como su compañero de sector. Su cafetería ha sido violentada dos veces: suficientes para que haya decidido ya quitar la máquina tragaperras, el objetivo perseguido por los cacos. «Estamos pensando en poner reja o verja. Pero mientras no lo decidamos, no ponemos la máquina», argumentaba ayer.

Problemas con el seguro

También Juan está pensando en poner unas verjas en la puerta y en la gran luna de su local. Pero no lo tiene nada claro. «Pode ser que ao final me gaste 6.000 euros para nada», argumenta. Lo que más le preocupa, en estos momentos, es el seguro. Tras el cuarto robo sufrido, la compañía con la que trabajaba no quiere saber nada más de su negocio. «O seguro é de roubos. E cando che rouban xa non interesas», explica este hombre, cansado de las paradojas a las que debe hacer frente día a día.