Los jabalíes van al manicomio

Xosé Carreira LUGO / LA VOZ

FIRMAS

OSCAR CELA

Manadas de hasta diez animales destrozan los jardines de la vieja instalación

08 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Casi un año y dos meses después de que sus inquilinos fueran subidos a un autobús que los alejó definitivamente de las instalaciones, el manicomio de Castro se pudre. Los jabalíes quieren ser sus próximos inquilinos. Ya han llegado a sus puertas.

El que fuera el único complejo diseñado en Galicia con la finalidad exclusiva de atender a enfermos psiquiátricos empieza a ser una mole fantasmagórica en medio de la llanura chairega. Nadie sabe cuál será el futuro de los pabellones Marbella, que acogió a las mujeres y Torremolinos, el de hombres. Y lo que es peor, la Diputación, como propietaria de la instalación, está sufragando su mantenimiento y cuidado las amplias instalaciones cuando en ellas ya no queda ni un alma.

Desde que a los casi 90 residentes les metieron sus pobres pertenencias en bolsas de la basura y les entregaron un billete a Calde, sin posibilidad de retorno al lugar donde muchos llegaron a pasar bastante más de media vida, en el viejo psiquiátrico de San Rafael lo único nuevo en el último año de inactividad fue la instalación de cámaras de vigilancia y métodos de seguridad que instaló una empresa contratada por la Diputación. Por la noche, cámaras de infrarrojos lo ven todo, incluso las manadas de jabalíes que se acercan a «fozar» en las puertas y también en los jardines del recinto.

La zona verde donde se ubica un cruceiro de piedra está en algunos lugares totalmente levantada. Los hocicos destructivos de estos «porcos bravos» arrasan todo lo que pillan en su trayectoria. No falta quien asegure que llegó a ver manadas de hasta diez ejemplares campeando a sus anchas por un espacio que en su día fue centro para la atención de enfermos mentales.

El conjunto hospitalario no está en tan malas condiciones como podía esperarse después de un año de inactividad. Si bien es cierto que la falta de inversión llevada a cabo en los últimos años hacía que las habitaciones presentasen un estado bastante deplorable, no hay duda de que la instalación, al menos en varios pabellones, podría ser perfectamente aprovechada.

Hay partes que, sin embargo, precisan una mano urgente. En algunas naves aparecieron goteras y otras necesitan renovar por completo sus viejos, pero espectaculares ventanales de madera que nunca llegaron a conocer ni el barniz ni la pintura.

Todavía se conservan muchos elementos del mobiliario que quedó totalmente abandonado. En las paredes también perviven las creaciones de algunos artistas que un fin de semana dieron rienda suelta a una iniciativa cultural sin precedentes en Lugo, pero que fue muy efímera. No se volvió a repetir.

El mantenimiento del que fue el último manicomio gallego gestionado por una Diputación resulta actualmente caro para el uso que se le da, que es ninguno. El acceso está totalmente prohibido a personas ajenas y, de momento, las cámaras de vigilancia y los vigilantes diurnos y nocturnos evitan que se produzcan saqueos. A los pocos meses del cierre varias personas entraron y se llevaron material en un vehículo. Dos de ellas acabaron sentadas en el banquillo de un juzgado lugués y condenadas por un delito de hurto.

Crónica El psiquiátrico de castro un año después de su cierre