«El arquitecto mitiga lo que podría haber sido mucho peor»

Antonio Maroño, decano electo del Colegio de Arquiteectos, dice que un territorio tiene las construcciones que sus habitantes demandan


Mañana tomará posesión como nuevo decano del Colexio de Arquitectos de Galicia, uno de los colectivos profesionales a los que el estallido de la famosa burbuja inmobiliaria ha salpicado de lleno. Antonio Maroño Cal (A Coruña, 1965) reconoce que, aunque el momento es complicado, la vasta formación que tiene un arquitecto abre también muchas posibilidades para salir adelante.

-¿Qué dimensión tiene ahora el colegio?

-Colegiados de nombre a principios de este año, casi 3.300. Con derecho a voto, algo menos de 3.000. Aunque ha habido bajas, el de Galicia sigue siendo uno de los dos únicos que han mantenido e incluso aumentado colegiación.

-¿Es mucho para Galicia?

-Piensa que aquí están la mitad de los núcleos de población de España, y que Galicia ocupa una décima parte del territorio español. Esta comunidad es un tejido urbano continuo, eso nos hace ser un sitio distinto, casi como una única ciudad. Y con los arquitectos pasa algo parecido: algo más de mil en A Coruña, más de quinientos en Vigo y el resto, repartidos por todo el territorio.

-Pues echándole una mirada así, en general, al entorno, a lo estropeadas que están algunas zonas, a las barbaridades que se han hecho y que se han permitido, no lo parece...

-Al revés. Las cosas no están peor en Galicia gracias a los arquitectos. Los arquitectos responden a lo que la sociedad les pide. Y hasta en el caso, en apariencia, más insalvable, el arquitecto mitiga lo que podría haber sido mucho peor. Los territorios tienen la arquitectura que sus habitantes demandan, no la que le ofrecen los técnicos que están en su momento. Que cambie el panorama según sales de Galicia, hacia bien o hacia mal según por el lado que salgas, no depende de que los arquitectos de la comunidad vecina sean mejores, sino de la conciencia ciudadana de sus habitantes.

-Quiero pensar que un arquitecto es consciente de que lo que deja ahí está, a la vista de todos: debería ser el primer interesado en no fastidiarla...

-Hay una frase mítica que se atribuye a Frank Lloyd Wright, aunque yo pienso que no es suya, que dice que los médicos entierran sus errores y los arquitectos solo pueden plantar hiedra para ocultarlos. Es tal cual: cualquier profesional, tú en tu trabajo, se esfuerza por hacer una labor digna, pero tú estás expuesto a que los demás lo vean, mientras que otras profesiones no son tan visibles. Y la obra construida tampoco puede evitarse.

-Perdone que vuelva a la organización profesional: los colegiados rechazaron un ERE y eso derivó en la dimisión de la anterior directiva. ¿Qué va a pasar ahora?

-Tenemos que ajustar los ingresos que sabemos que tenemos a los gastos que hay que afrontar. Mañana empezaremos a ver qué camino vamos a tomar. Cuando tengamos la información necesaria, se la pasaremos a los colegiados y ellos dirán por dónde vamos a tirar.

-Han llegado a poner todo su patrimonio en venta...

-El patrimonio se puso todo a la venta, creo yo, más como una declaración de podemos vender cualquier cosa que nos haga falta que para decir: «Queremos vender todo». Es algo imposible de plantear. Ese patrimonio lleva formándose cuarenta años y ha salido de las aportaciones de entre el 5 y 10 % de los honorarios de los colegiados. No son solo inmuebles, son servicios a la sociedad: exposiciones, jornadas técnicas, de formación, unidades didácticas en educación infantil, primaria, secundaria... Creo que eso está poco explicado. Todas las directivas que han pasado por el colegio han mantenido esa vertiente.

nacho.miras@lavoz.es

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