Opera entre los políticos de este afamado lugar una virulenta obsesión, consistente en buscar la fórmula filosofal con la que dinamizar la castigada economía local y, de paso, cubrirse de gloria. Animados por esta extraña fiebre, se lanzan nuestros prebostes a la persecución de todo tipo de rarezas con las que dar en el clavo, sin caer en la cuenta de que, habitualmente, el secreto está en la masa. Es decir, en lo más sencillo, que acostumbran a tener delante de los ojos. Desde hace años funcionan en Vilagarcía dos torneos de base, el Arousa Fútbol 7 y la Basket Cup, capaces de ejercer esa función que se diría mágica: desestacionalizar el turismo y hacer que al visitante le importe un comino si hace sol o sopla el vendaval. La cosa funciona con una ayuda evanescente y dubitativa de las arcas municipales, que al parecer encuentran en Alaska y Fonsi Nieto mejores motivos en los que invertir los cuartos de todos. Así nos va y así nos irá, hasta que regando la playa brote el árbol del dinero.