«Los límites de mi espectáculo los pone el público, no yo»

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

FIRMAS

El Circo de los Horrores presentará «Manicomio» en Samil, una mezcla de circo contemporáneo, teatro y cabaré

27 mar 2013 . Actualizado a las 06:00 h.

A partir del 29 de marzo Samil acogerá Manicomio, un espectáculo de El Circo de los Horrores. El ourensano Jesús Silva, Premio Nacional de Circo en el 2003 y sobrino del padre Silva de Bemposta, es el autor de esta propuesta.

-¿Cómo es el espectáculo?

-Es una secuela del anterior. Explicamos a quienes nos vieron cuando teníamos un castillo encantado, que les hemos engañado. Que en realidad es un decrépito manicomio poblado por majaras. Volvemos a fusionar el teatro vanguardista, el circo contemporáneo y un salvaje cabaré. Se mantiene Nosferatu pero ya no como rey de los vampiros sino como rey del manicomio, al que interpreto yo.

-¿Va dirigido a algún público determinado?

-Tenemos un amplio espectro de espectadores, aunque lo hemos planteado para chavales de 20 o 30 años con muchas ganas de jarana, de soltar adrenalina y de reírse porque es un espectáculo terriblemente divertido.

-La introducción del guion y el terror es una novedad.

-Estoy siendo un precursor del nuevo circo, y no solo en España. Estamos haciendo un trabajo muy digno, que está creando escuela. Nadie estaba acostumbrado a vivir el circo con un hilo teatral. Metemos actores, monologuistas, artistas de circo, bailarines y cantantes. Hay un montón de personajes inusuales en el circo.

-¿Qué provocó esta búsqueda de nuevos propuestas circenses?

-Empecé en el Circo de los Muchachos, soy sobrino del padre Silva, y los espectáculos de entonces ya eran adelantados para su época. Con veinte años, planteé un circo más intimista realizado en salas, en donde se mezclaba el teatro y el circo. Ya en el 2003, cuando me dieron el Premio Nacional de Circo, me apretaron las clavijas y decidí estudiar nuevas fórmulas, limpiar las caspas al circo más tradicional y aburrido. Fue cuando comencé a plantearme la visión escénica actual.

-¿Es provocación introducir personajes como la Cachonda sanitaria?

-Más que tratar de contar historias yo intento provocar sensaciones, emociones y rozar siempre los límites. Los límites de mi show los pone el público, no yo. Estoy convencido de que ya no tengo límites y el culpable es el público porque no me delimita nada. No solo la Cachonda sanitaria, que tiene un número muy sensual, sino Bitelchus, que es el tío más marrano, cochino, maleducado e incorrecto.

-¿Qué otros números vendrán?

-Un batería ucraniano que hace malabares con pelotas mientras toca; una mujer se cuelga por el pelo a doce metros de altura; de Moldavia viene un grupo de columpio con triples y cuádruples mortales. Son dos horas y quince minutos sin parar, que dejan al público con la boca abierta.

-¿Hay mucha diferencia entre hacer reír y causar miedo?

-Creo que es mucho más difícil causar miedo que hacer reír. Para mi ha sido todo un descubrimiento que el terror produce, como válvula de escape, la risa. El público sabe que estamos dentro de un show, pero aún así se acongojan cuando me acerco al patio de butacas y hablo con ellos. Es cuando les fluye la risa tonta, que yo aprovecho para jugar e interactuar con ellos.

-¿Quedó aclarada la polémica con aquella asociación de familiares de enfermos mentales?

-Los locos de nuestro manicomio son Napoleón o el Quijote, nosotros no hablamos de enfermedades mentales. Creo que nos han utilizando para hacerse oír porque les invitamos a ver el espectáculo y no quisieron venir, por tanto es una jugada un poco fea y extraña la que nos plantearon.

jesús silva actor