En diez años se han perdido tantos pérmex como trabajadoras suman Garavilla y Cuca
26 mar 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Basta con fijar la vista en los números oficiales de la Consellería do Mar para ver que en las playas trabajan hoy menos mariscadoras que hace diez años. Dejemos hablar a las matemáticas: frente a las 1.734 mujeres que bajaban a la seca en el 2002, están las 1.301 que lo hacían a finales del pasado año. Son 433 menos, una cantidad muy similar a la que sumarían, según los datos del directorio de empresas Ardán, los operarias de Garavilla y Cuca. Una simple cuenta nos permite saber que han desaparecido veinticinco de cada cien plazas de marisqueo a pie, un porcentaje ligeramente inferior al del cómputo global de la ría, donde se ha registrado unan destrucción de empleos de un 30 %.
Si acercamos un poco más el foco a la realidad de la orilla sur de la ría, veremos que el puerto en el que se han perdido más pérmex de marisqueo a pie es el de A Illa. Allí se supera la media arousana, con la desaparición de 34 de cada cien permisos. Hablando en números redondos, se han eliminado 158 puestos de trabajo en las playas arousanas. Parece que la tendencia a la baja va a continuar. «¿Para qué vamos a meter máis mulleres? Non hai marisco, non hai prezos... A xente non se está aguantando», argumenta Sita Castro, la presidenta de la agrupación.
En la cofradía de Vilaxoán la situación es muy distinta a la de A Illa. El 2002 se cerró con 70 mariscadoras en las playas. Diez años después, en 2012, eran dos mujeres más. Eso sí, por el medio ha habido numerosas bajas que han sido cubiertas con bastante agilidad. «Tivemos moitas mulleres que marcharon por cuestións de enfermidade, pero fomos cubríndo as baixas pronto porque se non somos moi poucas. E non é que nos sobre marisco na praia, que non o hai, o que pasa é que temos moitos traballos que facer: sembras, limpezas, vixiancias... E cantas menos sexamos, peor é», explica la presidenta de la agrupación, Josefa Calo.
La incorporación de gente nueva a las playas es necesaria, dicen en la mayor parte de las cofradías, para lograr mantener las zonas productivas. El marisqueo exige horas de trabajo invisibles limpiando y sembrando. La intensificación de esas tareas podría permitir ganar nuevas zonas de producción y, como consecuencia de ello, aumentar el número de mariscadoras capaces de sostenerse con esta actividad. Pero para ello habría que vencer algunos obstáculos que la crisis ha puesto en el camino, como la reducción de fondos para las tareas de vigilancia, la caída de precios y, también, la menguante producción de los bancos marisqueros.
«O mar aínda lle podía dar traballo a máis xente, pero para iso os políticos tiñan que mirar polo sector. E non están mirando. Imos a acabar co marisqueo despois de todo o que temos loitado por isto», reflexiona la patrona mayor de Vilanova, Evangelina Lago, quien no oculta su malestar por los pasos atrás que está dando el sector.
En Cambados y O Grove el número de pérmex también ha bajado en los últimos diez años, pero desde hace unos meses se han vuelto a incorporar trabajadoras a las playas. Lola Gondar, responsable del sector de a pie en la cofradía meca, asegura que ella y sus compañeras entienden el marisqueo «como un traballo, non como unha actividade complementaria». «Nestes momentos non é que se gañen moitos cartos. Pero se lle botas as contas ás horas que lle botas, o sueldo que sacas á máis que digno, non o sacas en ningunha empresa».