Es viernes y son las cuatro y media de la tarde. Con un poco retraso sobre el horario habitual, José y su esposa, Manuela, y Marino flanquean las puertas de la residencia San Cosme de Rubiá. Entran y no pierden mucho tiempo para empezar a saludar a todos los mayores que residen en el geriátrico. Sonríen y tienden la mano a los residentes, que a esa hora, como «xa é tarde» como señala José, están empezando con la merienda.
No es el mejor momento para sentarse a charlar tranquilamente, así que se limitan a ir saludando. Apretones de manos cuando no besos y abrazos, porque son más de uno, de dos y de media docena los que se levantan a besar a los tres visitantes. No han pasado ni cinco minutos cuando uno de los residentes pregunta por la cuarta integrante del grupo, que hoy no ha venido. Le explican que había estado de viaje y estaba descansando, así que esta semana se salta la visita. Tampoco estará la próxima, porque al ser festivo, esos días los voluntarios no van. «En festivos e fins de semana sempre hai máis xente, veñen as familias, os amigos... xa non facemos tanta falta», señala Marino. Porque hacen falta, sobre todo para hacer compañía, para dar conversación, para escuchar lo que los otros mayores tienen que decir, y lo que quieren contarle. «Vimos sobre todo a escoitar, porque o que teñen é gañas de falar», señala Manuela.
En la teoría de los tres voluntarios coincide la directora de la residencia, Lucía Blanco: «Vienen de visita, les dedican unos minutos y tienen mucha complicidad porque son de una edad similar, así que creemos que es algo muy positivo; también para la otra parte, porque están activos». Y aunque no están en la conversación, es la idea que habían expresado los tres voluntarios antes de entrar. ¿Por qué lo hacen? «Porque nos gusta ver que somos útiles, que facemos algo que a outro lle serve», responde José. Manuela va un paso más, y remarca que «tamén coa idea de que o día de mañá poidamos estar igual, e poidamos ter o mesmo».
En media hora rematan la visita en Rubiá: «Se fora máis cedo, poderíamos xogar ás cartas, pero hoxe rematamos», apunta José, y cogen el coche (la unión de pensionistas les sufraga el kilometraje) para desplazarse algo menos de 20 kilómetros. Van al geriátrico de Valdegodos. Tienen la tarde ocupada.
«Vimos sobre todo a escoitar, porque teñen moitas gañas de falar», dice Manuela