La implantación de todo el universo tecnológico en la banca se presenta, inicialmente, como un gran servicio para los clientes del siglo XXI, pero no está tan claro que se pueda hacer sin un coste extra, sobre todo en forma de comisiones. Eliminar tarifas por servicios comunes (tarjeta, cuenta...) se ha generalizado, pero procesos tan sofisticados como nuevas tarjetas o pagos a través de teléfono podrían tener un coste. Las entidades sostienen que tendría su lógica porque no se trata de servicios convencionales, sino de algo más excepcional.
El negocio de las comisiones es la otra cara de la moneda de la renovación que ha iniciado la banca (que no se tiene que ver necesariamente en cambios físicos en las oficinas). En los últimos meses, según han ido adelantando algunas asociaciones de consumidores, algunas financieras han iniciado un proceso de implantación de cobro por nuevos servicios, desconocidos hasta la fecha.
nuevas comisiones
Por ejemplo, se han generado comisiones por cierre de una cuenta, equivalente a lo que se pagaba por el mantenimiento. Otro caso: el traspaso de dinero entre cuentas de un mismo banco ha dejado de ser gratis en algunos casos. O pedir que el banco tome dinero de otro, donde se ha autorizado ese movimiento. O incluso retirar dinero de un cajero fuera de los horarios de oficina, según ha registrado el portal especializado Helpmycash. Hay que tener en cuenta que, según fuentes financieras, el coste medio de cada transacción que realiza un cliente está entre 2 y 4 céntimos. Multiplíquese por varios miles cada hora y se puede advertir del coste que, según dicen las entidades, le cuesta mantener todo ese servicio.
Y a todo esto hay que sumar una circunstancia que se está generalizando en esta crisis: los empleados de cada sucursal, que habitualmente tenían una cierta cintura para poder borrar esos cobros a sus clientes, han dejado de tener esa potestad.