«Nos veían como bichos»

La Voz

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XOÁN A. SOLER

La presidenta de Acción Social Gitana ve racismo «en pleno siglo XXI»

04 mar 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Araceli, la voz de los gitanos de Santiago y de Galicia, está escribiendo sus memorias con la ayuda de su nieta Adela. Y tiene mérito, porque aún le falta un tris para dominar los signos escritos. De niña vivió en una casa de una sola habitación, en Santa Marta, con sus padres y diez hermanos. «Era penoso, porque no había intimidad», cuenta. En sus tiempos, la escuela era un imposible para su etnia: «Antes había mucho racismo y no nos admitían en ningún lado. Era una vida muy dura».

Ella, no obstante, pronto empezó a ser respetada, con la ayuda de personas como Rosa Collazo o Asunción Díaz de Rábago, y se embarcó desde joven en la causa gitana. Pronto nacería Acción Social Gitana de Galicia, que terminaría presidiendo años después. Consiguió que los gitanos se hiciesen carnés, empadronamientos, bautizos y otras cosas que los calés obviaban.

Eran épocas en las que los gitanos procuraban no meterse en líos para no ir a la trena: «Le tenían mucho miedo a la cárcel». Es de suponer que no recibían cariño, y sí muchos «cariños».

Un momento clave en la trayectoria de Araceli, en la que demostró su liderazgo entre los suyos, fue la expulsión de los vendedores gitanos de la Praza. Manifestaciones, movilizaciones y negociaciones enfocaron en todo momento a Araceli al frente enarbolando el estandarte de defensa numantina de los puestos: «Queríamos que nos dejasen trabajar. Es doloroso no tener un plato de comida para tus criaturas». Fue difícil, dice, lidiar con el edil Antonio Campos «que no era mal señor».

La venta ha sido la fuente casi exclusiva de recursos de la etnia calé, «pero ya no». Hay otras profesiones en la vida gitana y hay otro nivel cultural. Y una mayor aceptación social. «Hubo un cambio muy grande. Antes nos veían como bichos, ahora no». Hay una mayor relación con la comunidad, pero «sigue habiendo racismo en pleno siglo XXI, y es una vergüenza». De todos modos, ya no hay el miedo cerval de antaño: «Somos ciudadanos con derechos y no nos pueden avasallar. Yo con mi pobreza puedo vivir dignamente, y hay ricos a los que el dinero no les sirve de mucho».

Coser y cantar

Eso sí, Araceli siente la crisis muy afilada y mira hacia lo alto con indisimulado enojo: «Nos están hundiendo. Rajoy, Zapatero y el yerno del Rey,... pero esos no van a la cárcel».

Hoy trabajar con los gitanos es para ella «coser y cantar». Saben leer y escribir. Araceli sintió envidia de niña de los chiquillos payos que iban al colegio, y tuvo que esperar a los 61 años para aprender a leer. Le enseñó en el juzgado la magistrada Rosa Collazo: «La jueza era caritativa y buena. Rigurosa en sus resoluciones, pero buenísima persona. Yo le llevaba los papeles de los gitanos y siempre fui con la verdad por delante. Y salían las cosas». Obviamente, Araceli se mostró muy exigente con los suyos. Con las drogas, por ejemplo, la representante gitana ha sido «muy dura» porque ha sido para su etnia un elemento de «destrucción y desunión».

Lo que no acepta ni en pintura son las acciones sociales que encaminen hacia la discriminación. En el reparto de los pisos sociales, nada de guetos: «Payos con gitanos, y donde toque. Segregarnos sería racismo». En los colegios, otro tanto.