Porto Cabral

FIRMAS

02 mar 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

El debate sobre los centros comerciales es un clásico pasado de moda. Igual que aquellos que empezaron diciendo que la autopista iba a ser una «navallada» a Galicia y acabaron pidiendo su ampliación, a ninguno de los comerciantes de Vigo que recibieron acongojados la apertura de El Corte Inglés en 1975 se les ocurriría ahora cuestionar que sus inmediaciones son una buena ubicación para cualquier negocio. Los viejos clichés se han visto superados por la realidad.

Da igual que los nostálgicos de los ultramarinos sigan dando la turra: las tiendas de proximidad sobrevivirán por razones obvias, pero las grandes superficies ya forman parte de nuestra cultura y han venido para quedarse.

Sin embargo, ninguna de las áreas comerciales inauguradas en la ciudad en los últimos años colmaron las expectativas. Casi todas están cortadas por el mismo patrón: básicamente ofrecen supermercado, restauración y ropa. El proyecto que promueve el grupo británico Eurofund con el nombre de Porto Cabral tiene otro calado, por filosofía y tamaño. Es uno de esos complejos pensados no solo para dar servicio a una ciudad sino, lo cual es muy importante, para atraer visitantes hacia ella. Por un lado, está la combinación de marcas líderes como Ikea (un imán por sí misma, como saben los miles de vigueses que peregrinan a Oporto y A Coruña) con actividades de ocio que van más allá del típico gimnasio y las devaluadas salas de cine; y, por otro, está la inversión prevista y los miles de puestos de trabajo que generaría. Sería de locos que los comuneros propietarios de los terrenos y las administraciones que tienen la llave no se tomasen en serio esta propuesta y analizasen a fondo su viabilidad. De entrada, es un punto a su favor que tenga rostro y chequera. Y que no llegue en campaña electoral.

diego.perez@lavoz.es