No hay duda: la Asociación de Promotores Inmobiliarios, Aproin, tiene su sede en el planeta Marte. O más lejos.
Cada vez que habla su presidente, Javier Garrido, suena a película de serie B, en plan They came from outer space. Como si fuese el líder de los marcianos, recién bajado de un platillo volante, repite su frase típica: «Vigo demanda 1.500 viviendas». Como viven en el espacio exterior, estos señores no se enteraron de que en España hubo un crack financiero. Y que fue provocado por la burbuja inmobiliaria. La misma que a los promotores les reportó pingües beneficios, excesivos, brutales, muy por encima del sentido común. Ahora, como si nada hubiese pasado, siguen repitiendo su mantra: «Vigo demanda 1.500 viviendas».
Garrido pide ver al alcalde. Y denuncia la «pasividad» de Urbanismo: «Vigo necesita 1.500 viviendas». Parece el líder alienígena que exige ir a la Casa Blanca: «Lléveme ante su jefe». Si estos marcianos se diesen una vuelta por Vigo, tal vez descubrirían miles y miles de
carteles con los rótulos «Se traspasa», «Se alquila» o «Se vende». Si algo sobra desde luego son pisos. Pero Javier Garrido, y su Aproin, quieren más: «Vigo necesita 1.500
viviendas». No se quieren enterar, ye-yé, de que se acabó la fiesta. Y que ellos tienen parte de responsabilidad. Aunque quieran volver a las andadas. Que vaya Garrido a ver la urbanización de Karpin en el barrio del Cura. Que, como tantas, no se hace. Porque no hay dinero. Y porque a Vigo ya le sobran pisos. Los hay a montes a la venta, de particulares y de bancos.
Seguir con el discurso, suena a muñeco roto: «Quiero bibe», «Soy Nenuco», «Mamá, caca». No sé cuándo se rayó el disco, pero «Vigo necesita 1.500 viviendas» es una completa y absoluta marcianada.
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