Cuando el desempleo atrapa ya a 35.000 personas en Vigo, cuando las empresas ya pueden echar a la calle a sus trabajadores pagándoles lo equivalente a un paquete de pipas pequeño, cuando el presidente de la patronal se ríe de las cifras del paro, cuando todo eso pasa, la existencia de los sindicatos es imprescindible. No hablo de siglas concretas, me refiero a alguien que pueda patalear sin miedo, alguien dispuesto a plantarse ante el poder. Si no existiera, habría que inventarlo. Pero los sindicatos, y ahora sí hablo de siglas concretas, afrontan una terrible crisis de credibilidad que cada día los aleja más de los ciudadanos. Y se lo han buscado.
La situación en Vigo es la siguiente. Esta es la ciudad con más paro de Galicia. Una de cada cuatro personas que quieren trabajar no encuentra un empleo. Si los 34.987 parados de Vigo se reunieran, formarían la octava ciudad de Galicia. Aquí tenemos un alcalde que prometió pleno empleo y a cambio ha creado un plan para subvencionar chiringuitos. Pero en Vigo jamás se escucha una crítica de los tres sindicatos mayoritarios al Concello. Lo que igual no todo el mundo sabe es que UGT, CC.OO. y CIG reciben dinero del Ayuntamiento. El año pasado, al menos 80.000 euros cada uno. Gracias a convenios firmados en diciembre, el Concello les soltó 15.000 euros por cabeza, hecho cuestionado hasta por el interventor en un informe del Ayuntamiento. Y aquí viene esa crisis de credibilidad: en los convenios, el Concello obliga a colocar (copio y pego) «en lugar preferente da sede social da entidade, con carácter permanente durante a vixencia do convenio, un cartel publicitario, anunciando a colaboración pública do Concello de Vigo no financiamento das actividades do sindicato para o 2012». ¿Se los imaginan criticando al Concello bajo el logo de la Alcaldía?
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